El mediático chef argentino Javier Brichetto aterriza en Madrid con su restaurante Piantao, donde pone al fuego cortes de carne clásicos y novedosos elaborados tanto con métodos tradicionales como con técnicas modernas, gracias a los hornos y parrillas que él mismo ha diseñado. La brasa es el elemento principal 

Piantao abre sus puertas en Madrid, en la cada vez más de moda zona del Matadero, de la mano del conocido Javier Brichetto, el revolucionario chef bonaerense que ha ido ganando incondicionales en los últimos años gracias a proyectos como el exitoso Limbo y dará mucho que hablar también con el recién llegado Páru Inkas sushi&grill, importado a este lado del Atlántico.

En Piantao, término lunfardo del argot rioplatense que se usa para definir la locura de una forma romántica y poética, el protagonismo lo cobra la original parrilla vista, contemporánea, diseñada por el mismo Javier Brichetto, en la que se combinan diferentes métodos de cocción y de la que salen platos que conjugan tradición y modernidad. La brasa, hecha con quebracho blanco y encina nacional, es el elemento principal de la cocina de Piantao y permite al chef volver a sus raíces, a ahumar y trabajar con fuego para incorporar sabor, color y textura a sus recetas a través de las técnicas aprendidas en sus viajes por los pueblos más recónditos de Argentina.

Todas las recetas se elaboran con materias primas muy bien seleccionadas, como la mantequilla de la Sierra de Madrid, que ahúma y con la que da la bienvenida a la mesa, el chimichurri, una receta única de Piantao, los panes creados en exclusiva para el restaurante o las verduras de la huerta madrileña. Los embutidos se elaboran artesanalmente y el chef propone un abanico de los cortes más típicos procedentes de La Pampa, como el ojo de bife, el bife de chorizo y la tira de asado, carnes maduradas 40 días, y otros menos conocidos como la “arañita” o el asado americano. Completan la carta originales ensaladas y guarniciones, postres con sello gaucho y una amplia oferta de vinos argentinos.

El local tiene un aire industrial, con antiguos cortafuegos como lámparas o mesas hechas de madera y viguetas recuperadas. El aire es industrial, pero la madera, en consonancia con el fuego y los acabados rústicos, llena el local de calidez. 

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