Sin ser la categoría más dinámica, los vinos tintos Gran Reserva siempre van a tener su espacio de renombre. Caldos complejos que se custodian como tesoros y que suelen reducirse a un acceso de alto conocimiento

Vinos de cuchillo y tenedor. En unos años cuya tendencia es la de un consumo abierto a todos los públicos y a todas las franjas horarias, a favor de productos más jóvenes y ligeros, se restringe el nicho de los vinos tintos Gran Reserva a escenarios para especialistas. Un mundo enológico ciertamente elitista para unas etiquetas que exigen cosechas especiales de uvas de alta calidad. Hablamos de vinos tintos que ocupan la parte más alta de la pirámide, embarcados en un proceso de 60 meses de maduración como mínimo, unos cinco años de envejecimiento completo, y al menos 18 de ellos en barrica. Sin embargo, el sistema de regulación de calidad de la Denominación de Origen Calificada de La Rioja o de la D.O. Ribera del Duero, indica que sus vinos Gran Reserva deben madurar un mínimo de 24 meses en barricas de roble y otros 36 en botella. Se trata, en estos casos, de vinos especialmente propicios para este tipo de envejecimiento de larga maduración, con una transferencia de la madera muy significativa a la hora de adquirir un perfil aromático lleno de matices, una textura más robusta y sabores complejos. Algunos elaboradores, además, prolongan el periodo de envejecimiento más allá de lo establecido, contribuyendo más si cabe a la especificidad de la categoría de estos vinos elegantes, con empaque y a los que un ramillete de bodegas no está dispuesto a renunciar.

Vemos, por tanto, que la resistencia es un mérito dentro de un contexto en el que los vinos Reserva más los Gran Reserva crecieron el pasado ejercicio a septiembre de 2018 un 15,5% en volumen de Alimentación y Hostelería, lo que implicó alcanzar una cuota de un 7,7% en vinos con D.O., y de un 11,8% en vino tinto con D.O. Son datos que nos facilita Ricardo Alcón, ‘new business development manager’ de Nielsen, y que revelan un crecimiento centrado en Alimentación, donde estos vinos alcanzaron una cuota de un 20% de las botellas de tinto con D.O. “Lo que sabemos”, según nos indica Rafael del Rey, director general del Observatorio Español del Mercado del Vino (OEMV), “es que, mirando los últimos datos de Rioja, representa un 2,7% en 2017 (6,77 millones de litros) del total de ventas. Una categoría muy pequeña, comparada con los 45,3 millones de litros de Reserva, con una normativa muy rigurosa y cuya fama, sospecho, es menos reconocida que la del Reserva en muchos mercados”. De los 6.770.719 litros vendidos, por otra parte, resulta especialmente llamativo comprobar que se vende más del doble en el exterior (4.924.708 litros) que en España (1.846.011 litros), aunque el porcentaje respecto al año anterior sea de un 2,7% menos en el mercado internacional y de un 16,62% más en el interior. En total, el balance fue positivo, un 1,9% más respecto al 2016.

Los tintos Gran Reserva de la D.O. Ribera del Duero, sin embargo, sí experimentan un ligero retroceso ahora mismo, pues en 2018 el número de contraetiquetas fue de 387.392, mientras en 2017 fue de 440.108, también sensiblemente inferior al número de 2016, 582.140, aunque hay que retrotraerse a 2015 para observar un bajón realmente sensible, con 235.336 contraetiquetas. Los tintos Gran Reserva de la D.O. Toro, por su parte, incrementaron sus ventas respecto a la anualidad anterior en un porcentaje aplastante, ya que pasaron de las 2.500 tirillas de 2017 a 30.000 en 2018, lo que supone un porcentaje positivo del 140%, cifra que se enmarca en un año también de récord en las ventas de los marchamos de calidad para los vinos toresanos.

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