El mundo del ron se sigue haciendo demasiadas preguntas. Entre tanto debate sobre su autenticidad, hablamos con Emiliano Fernández-Peña, de La RonRonEra, acerca de la versatilidad y la diversidad cultural del destilado de caña de azúcar, ninguno tan universal

Hay bebidas que explican el devenir de la Historia. Es el caso del ron, cuyo papel fue más allá del de actor secundario en muchos pasajes que ayudaron a forjar nuestro presente. Hoy se reivindica como el destilado de mayor riqueza cultural, y así debe entenderse para no ceder ante las fuerzas que homogenizan su producción o, directamente, la desvirtúan. 

De acuerdo con la legislación europea, el aguardiente de caña, el ron, se produce exclusivamente con elementos procedentes de la caña de azúcar –sea su melaza o su jugo– sin que quepa añadir edulcorantes ni aromatizantes que lo desplacen a la categoría licor o ponche. Pero sabemos que en otros países se abre la mano a aromas y hasta a materias primas diferentes como la remolacha. Un problema de homologación global que no debe contradecir su valor cultural en todo el mundo.

Para entender mejor el ron lo intentaremos validar en fase de origen, de producción y de degustación. Recordando que su comercialización se quedó en 2020 en un 16%, según datos de Espirituosos España, un 33% menos respecto a 2019, la media del resto de destilados. Por detrás de la ginebra, los licores y el ‘whisky’, el ron sigue teniendo a la siguiente categoría en un escalón lejano. En un contexto pre-pandemia en el que estaba en auge en el resto de Europa, aquel impulso de nuevas etiquetas y expresiones novedosas mantiene viva la esperanza de tiempos mejores para el ron en España. La caída del comercio exterior del ron al final del pasado ejercicio se quedó en un 7,3%, cuando la media de los espirituosos ascendió a un 21,4%. El cambio de hábitos de consumo hacia los momentos más diurnos, obligado también por la pandemia que ha castigado la hostelería nocturna, tal vez contribuya a impulsar el consumo de rones más serios y de exigencias más reposadas.

Otra puerta de entrada a estas copas de disfrute vuelve a ser la historia. En su primera producción comercial encontramos sus orígenes caribeños, sea francés o inglés, a mediados del siglo XVII, aunque su primera huella se remonte a cientos de años antes en lugares como Oceanía, China u Oriente Medio. De estas cualidades culturales de la ‘eau de vie de canne’, el aguardiente de caña de azúcar, y de debates de actualidad que cuestionan la pertinencia de los extractos de madera, de las filtraciones potentes con carbón activo, de las destilaciones extra puras o de la demanda del ron especiado, hablamos con Emiliano Fernández-Peña, propietario de La RonRonEra.