No son vinos tendencia, pero su prestigio les precede. Tanta complejidad les penaliza al ser consumo exclusivo de paladares expertos. Sin embargo, el peso de las ventas internacionales puede contagiar el ánimo en el mercado español, tímidamente al alza

La familia del vino tiene su jerarquía. Es así, hay vinos y vinos. Y en la cima de la pirámide hay poco hueco para compartir con los caldos con mayor valor añadido, los vinos Gran Reserva. Como las joyas verdaderas, no son vinos para todos los días. Es como si hubieran nacido para entrar en contacto con los ‘connoisseurs’, los consumidores más expertos, debido a que entrañan una complejidad difícil de apreciar por el común de los paladares. Además de complejos, los Gran Reserva son los vinos más elegantes.

Alcanzar esta categoría elitista requiere una cosecha especial de uva de calidad incuestionable que, en el caso de los vinos tintos, pasa un mínimo de 60 meses de maduración (cinco años de proceso completo de envejecimiento), con al menos 18 de esos meses en barrica. Los vinos de la D.O. Ca. Rioja y de la D.O. Ribera del Duero, por su parte, en lugar de 18 necesitarían alcanzar los 24 meses en barricas de madera de roble. Joyas verdaderas, decíamos, trabajosas de sacar adelante y con grandes historias detrás. Sin embargo, hoy la apuesta, incluso en las cartas de los restaurantes, es la de un consumo de vinos jóvenes, precisamente entre los consumidores más jóvenes. Vinos también afrutados, de menor graduación, con breve paso por barrica. Los grandes vinos con cuerpo y empaque muy superiores conservan su nicho de mercado como si fuera un pequeño tesoro. Conviven las exportaciones en continua tendencia alcista con el consumo interno que se resiente todavía del contexto de crisis en el que se sumió también el sector del vino. Pero claro, las bodegas están obligadas a seguir produciendo estos caldos de prestigio. La batalla de la imagen es a largo plazo y es que codearse con lo más granado no es flor de un día. Con todo, Ricardo Alcón, ‘client executive’ de Nielsen, nos adelanta que los vinos Reserva + Gran Reserva “crecieron el pasado año cerrado a septiembre de 2017 un 7% en volumen (Alimentación + Hostelería), lo que implica alcanzar una cuota de un 6,7% en vinos con D.O. y de un 10,1% en vino tinto con D.O. Este crecimiento es mayor en Alimentación”, continúa, “donde estos vinos alcanzaron una cuota de casi un 17% de las botellas de vino tinto con D.O.”. Quién sabe si a estos vinos no les espera, por tanto, un nuevo porvenir. Ahí está el ejemplo de Bodega Protos, cuyos Gran Reserva suelen tener año a año un buen comportamiento, incluso en Hostelería. Pero claro, como nos cuentan desde Bodegas Lan, “los vinos de Gran Reserva son una categoría cada vez más complicada de mover en Hostelería, a no ser que hablemos de un público muy específico que va buscando claramente un Gran Reserva o enfocándolo a celebraciones, regalos navideños, etc.”.

Por último, Xavier Cepero, director general de Castell del Remei, nos valora el estado actual del mercado y las expectativas de futuro de este tipo de vinos difíciles: “los vinos de calidad Premium como el 1780 del Castell del Remei se mueven en un segmento de consumidor que calificamos de conocedores. Son consumidores frecuentes y se consideran entusiastas del vino, muy leales a las marcas que les gustan. Representan, aproximadamente, un 10% del mercado. La decisión de compra, según el último estudio del ‘Wine Intelligence’, la toman en base a la recomendación de un crítico de vino, en libros o guías, oferta promocional, premios y reconocimientos. El segmento de los vinos Premium está en crecimiento en mercados emergentes como los asiáticos de China, Singapur, Corea”.

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