El local, que ofrece especialidades gastronómicas de, se ha renovado por dentro y por fuera a punto de cumplir su cuarto de siglo. Una renovación que gira en torno a la iluminación y la textura de las paredes

Apodando el nombre de un bonito pueblo italiano, Sant’Arcangelo, en la provincia de Rimini, en la región de Emilia-Romagna, apareció en Madrid hace 24 años la Trattoria Sant’Arcangelo, en una zona noble de la capital, al lado de la Iglesia de los Jerónimos y en las proximidades del Muso del Prado y del Parque del Buen Retiro.  

Próxima a cumplir su cuarto de siglo, este templo del buen comer, quiere celebrarlo presentando al público un nuevo ‘look’, tanto por dentro como por fuera. Aunque en el pasado ha ido endosando diversos atuendos, en esta ocasión, su nuevo aspecto lo firma Art-quitecta Studio, guiado por Lorna de Santos, que ha querido aportar una nota artesanal con aires de la Toscana mediante la decoración. 

En su exterior, su agradable terraza, proyección de la atmósfera interior, que encuentra en el confort su razón de ser, se presenta como una opción ideal para cualquier época del año ya que se halla acondicionada también para los meses más fríos. Su vegetación, sus bancos de madera, que lucen cojines de estampados vegetales, animan a disfrutar de la velada. En su interior, este nuevo proyecto, que imprime frescura, también otorga un nuevo carácter a las tres estancias de este establecimiento que cuenta con dos alturas. La clave del proyecto reside en la iluminación y en la textura de las paredes. De hecho, todas las estancias se hallan unificadas por un haz de luz que recorre el perímetro del espacio, resaltando el tono albero claro y la textura de las paredes. 

La zona central la compone el vestíbulo de madera que ofrece la vista de un mostrador y de una escalera que lleva a una balaustrada recuperada de más de 60 años, además de una parra vegetal presente en el espacio. Por su parte, el zaguán tiene un carácter menos desenfadado y muchísima luz, es la segunda estancia del restaurante y está concebida para dar continuidad a la terraza pero en el interior. Una bancada tapizada en lino con líneas rojas recorre la pared en la que aparece un texto esculpido sobre el antiguo muro de carga que dice: “la vita è bella”, todo envuelto por unas paredes y un techo con un tratamiento de yeso y tierras naturales. 

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