Esta coctelería, situada en el barrio madrileño de Malasaña, apuesta por la coctelería clásica pero sobre todo por los aperitivos

Rubén De Gracia es uno de esos profesionales de la hostelería que han crecido entre botellas, barras y pedidos. Sus padres tenían un restaurante de carretera y esas mesas, ese ir y venir de clientes, esos platos saliendo y entrando fueron sus compañeros de infancia.

A pesar de ser hostelero por nacimiento, trabajó como fotógrafo ‘freelance’ en una televisión pero sin perder nunca de vista la barra y las cocteleras. Y desde hace cuatro años es el alma y el corazón de The Dash, una coctelería que se ha abierto paso en el madrileño barrio de Malasaña por su estilo y su oferta de mezclas tan especial.

“Empecé a trabajar en Madrid en 1862 Dry Bar a la vez que seguía como fotógrafo. Estuve tres años y aprendí muchísimo. Pero un día me levanté y me dije: ‘Lo que hago aquí lo puedo hacer en mi propio bar’”, explica De Gracia.

Pero servir copas y tomar imágenes no eran los únicos trabajos que hacía este coctelero multidisciplinar, también daba clases de guitarra para ganarse la vida y uno de sus alumnos, Gilberto, se convirtió en el empuje que necesitaba para montar su propio local.

“Fui con Gilberto a hacer una ruta de coctelerías por Madrid y en Le Cabrera, tras tres o cuatro ‘Manhattan’, le confesé que quería montar un bar y él me respondió que me iba a ayudar”, recuerda Rubén. Incluso Diego Cabrera, que estaba en su coctelería en ese momento, pudo actuar como un símbolo de buena suerte para estos dos socios a los que todavía no conocía en persona.

Cuando Gilberto y Rubén encontraron el local en un edificio  tuvieron claro que no querían tocar nada. “La decoración es sencilla, sin florituras. No hicimos ninguna modificación más allá de poner un botellero y arreglar los baños. La barra curva de mármol, los techos, los arcos, la escalera, la puerta… son originales”.

No hay nada en The Dash que distraiga de los cócteles que pueden pedirse en una carta que también incluye, y destaca, una buena propuesta de aperitivos. “Principalmente hacemos una coctelería clásica y variantes. Es lo que nos gusta beber y es lo que más me gusta hacer”. 

Los cócteles más demandados en esa barra han ido cambiando en sus cuatro años de vida pero los imprescindibles siguen siendo el ‘Pisco Sour’, el ‘Margarita’ y el ‘Bloody Mary’.

Hasta el nombre quiere focalizar las energías en un solo objetivo: la coctelería. “Estábamos en casa de mi socio una noche de sobremesa, cogimos un libro de coctelería, miramos el glosario de términos y paramos en la palabra ‘Dash’. Queríamos que el nombre fuera corto y ‘españolizable’. Nuestros clientes hablan de ‘El Dash’. Casi nadie usa el The”, reconoce.

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