Roostiq trae cada día de su dehesa en Palazuelos, Ávila, las hortalizas, pollos de corral y cerdos de bellota con los que se elaboran los platos según la temporada. La materia prima se cocina a fuego de leña en su horno napolitano, a carbón en su parrilla y a fuego directo

Este restaurante de finca, Roostiq, que ha abierto recientemente sus puertas en Chueca, obtiene sus productos de su propia finca de 150 hectáreas en Palazuelos, Ávila, y los elabora a través de su cocina a fuego en tres variantes: fuego de leña en su horno napolitano, fuego a carbón en su parrilla y fuego directo, salteando el alimento a la llama.

La carta honesta y breve evoluciona según los alimentos de temporada que llegan a Madrid desde su dehesa, como las hortalizas (rúcula, acelgas, lechugas baby, cebolletas…), los pollos de corral y los cerdos de bellota, y desde el País Vasco, las carnes de vaca de proveedores locales.

La base de Roostiq son sus productos de finca y el fuego es la herramienta perfecta para respetarlos en el proceso de elaboración, ya que consigue que la humedad de los alimentos se conserve ofreciendo sabores únicos. El horno napolitano, construido a mano en ladrillos por una empresa especializada italiana de mucha tradición, mantiene una temperatura de 485 grados y se encuentra en el centro de la cocina de Roostiq. En él se elaboran las ‘pizzas’ artesanas, el arroz integral salteado con verduritas, los pimientos de Julia, el lomo de salmón con cebolleta y el pollo Roostiq.

De la finca de Palazuelos también llegan los embutidos ibéricos como el salchichón y la paletilla.

En la carta líquida, las 78 referencias de vinos, algunas servidas por copas, se complementan con las creaciones ‘mixólogas’ de Joel Jamal, el barman que fue campeón de España de coctelería.

En Roostiq la cocina vista es la gran protagonista. La decoración lleva la firma de la arquitecta y diseñadora de interiores María Villalón, que ha conjugado el ambiente ‘cool’ y cosmopolita del barrio de Chueca con la filosofía de respeto al producto y pasión por la cocina a fuego mediante los azules de la imponente barra que recibe al comensal y los rojos y calderas junto a las maderas naturales de la sala, con el resultado de una decoración moderna y ‘chic’.

Leer el artículo completo en la revista