Cuando un hotel ‘boutique’ se hace resort urbano, simple resumen que no hace justicia a la gran apertura hotelera del año. The Madrid EDITION llega a la ciudad para convertirse en un ‘hotspot’ merecido repleto del diseño propio de la marca, elegancia desafiante, lujo actual, coctelería sorprendente, restaurantes viajeros, terrazas epatantes y toda la energía de un hotel puro ‘lifestyle’ que deja boquiabierto

Todo en este hotel está siendo sonado. La marca Edition, con la que el visionario Ian Schrager puso patas arriba (también) la hotelería con su concepto de quintaesencia del ‘lifestyle’ aplicado a las hechuras ‘boutique’, abre por fin en Madrid. Diseño, diversión, lujo, teatralidad. Cada Edition tiene una identidad común pero personalidad propia. En un contenedor gigante (el de Barcelona, abierto en 2018, es bastante más reducido), The Madrid EDITION, con la experiencia operativa de Marriott International, da lo que promete: ser el primer resort urbano de lujo en la capital.    

Cumple además con el ‘sense of place’: sentirse parte de un destino, ser punto de encuentro de huéspedes y locales, que haya mezcla y no encorsetamiento social. Y a la espera de que este coja velocidad de crucero, en la memoria ya una fiesta de inauguración como la ciudad no recordaba. 

Las señas más socorridas remiten a la plaza de las Descalzas, en pleno centro histórico y comercial. A espaldas de Sol y Gran Vía, la soledad del cemento se topa con el pórtico barroco obra de Pedro de Ribera. Una portada única del siglo XVIII que enmarca uno de los accesos al hotel, el túnel flúor inspirado en las alfombras rojas que conduce al restaurante Jerónimo. Muchos se acordarán del Monte de Piedad y la Caja de Ahorros. Hoy los nuevos tiempos de este edificio se abren paso como The Madrid EDITION.  

A la vuelta de la plaza, la entrada principal se hace notar. Un envoltorio vegetal amortigua la dureza de la marquesina de cobre en donde se apoyan las letras de la marca. Dentro espera la imagen más reconocible de este universo pionero: un espacio forrado de madera solo para que se luzca la escalera en espiral, una escultura de acero (6,5m de alto x 5m de diámetro) recubierta de yeso y con escalones de piedra caliza. 

Por ella se asciende al ‘lobby’, corazón del hotel y donde el ‘look’ queda definido: los sofás de Jean Michel Frank, las sillas de cuerda de Christian Astuguevieille, los taburetes de bronce reciclado de Maison Intègre, la barra de cobre hecha a mano y el botellero retroiluminado sobre papel de oro, los mantones de Manila de anticuario de Sevilla, la silla de Dalí, el tapiz madrileño que cubre toda una pared… Y la mesa de billar, otro icono, esculpida por Emmanuel Levet Stenne en una sola pieza de mármol blanco.  

Las líneas rectas fluyen hasta romper en el techo ondulante. Hay mucha arquitectura de luz (y de sombra) como aspiración de una elegancia discreta. Todo encaja por el contraste entre la pureza y simplicidad del arquitecto británico John Pawson, colaborador habitual de Schrager, y la artística originalidad de François Champsaur. 

En un rincón se intuye la discreta recepción, mínima expresión para no intimidar. La bienvenida a este hotel ya la ofrece su ambiente. Hay hoteles que desprenden una energía especial desde el primer momento. Schrager quería transmitir a los suyos toda la vibración de Studio 54. Y así los dotó de un carisma propio del entretenimiento estadounidense que hace que no quieras salir de ellos. Desayuno hasta las once, copas en el ‘lobby’ hasta la una de la mañana, comer en Jerónimo, cenar en Oroya, ponches en Punch Room, fiesta en la piscina… “Esto no es sólo un hotel. Es mucho más que un lugar para dormir: es un microcosmos de todo lo que ofrece Madrid y que capta perfectamente el espíritu y esencia de la ciudad”, dijo Schrager sobre su nueva criatura. Porque algo así no podía faltar en este efervescente Madrid. 

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