Un nuevo hotel Mercer cumple su segundo ejercicio en el barrio sevillano de El Arenal. La Casa Palacio Castelar es hoy el Mercer Sevilla, un pequeño gran hotel que hace del buen gusto virtud y del lujo contenido su esencia

El frasco de las esencias de la hospitalidad vuelve a derramar su contenido. Ante el acoso que la industria hotelera dice sufrir frente al nuevo modelo turístico de la economía colaborativa, una manera de salir indemne es adaptar su relato a las necesidades reales, anticiparse e innovar. Otra manera es cultivar la semilla del lujo con hoteles ‘boutique’ contemporáneos que enarbolen la difícil misión de convertirse en atemporales. Es la opción de los Mercer Hoteles, con su receta clásica de integrar lo nuevo en lo antiguo, pero con innegables dotes de convicción. Lo hizo el Mercer Barcelona, todo un icono del buen gusto para la Ciudad Condal desde que abriera en 2012. Y por el mismo camino parece transitar el Mercer Sevilla, inaugurado en otoño de 2016 en el corazón más genuino de la capital hispalense. Un cinco estrellas gran lujo que se explica por sí mismo: formato pequeño, detalles primorosos. Ya saben, como los buenos perfumes. 

El nuevo paso dado por la cadena Mercer responde a una filosofía marcada por la prudencia. Gusta de asegurar el tiro. Primero fue el de Barcelona, ya llegará el de Córdoba (en el Palacete de los Burgos), pues no hay prisa para la expansión prevista. Además de estos hoteles de gran categoría, cuenta la pequeña cadena con Mercer House, un concepto de apartamentos vacacionales de fundamentos también urbanos y exclusivos en Barcelona, en Vilafranca y, próximamente, también en Cal Duch.

Para los que se sientan más cómodos en este traje, funcional y muy cómodo, aunque carente de la personalidad que presupone dormir en la antigua Casa Palacio Castelar, el palacete burgués fechado en 1880 en el que se fijó la sede del Mercer Sevilla. Fachada blanca impoluta, difícil de admirar en su calleja nada más doblar la esquina por la plaza de Molviedro, donde es pleno barrio de El Arenal, a dos calles de la Maestranza, entre Plaza Nueva y la Torre del Oro. Como norma de la casa, la apuesta es la conservación y realce del patrimonio. En este caso, un edificio noble de valor histórico al que se le insufla diseño actual y ademanes exquisitos. 

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