El primer hotel de la marca Autograph de Marriott que llega a Valencia es un canto a las alegrías modernistas. En un histórico palacete del centro, el diseño actual se acuerda de una época al mismo tiempo que parece inaugurar otra

Se empezó a contar su apertura el pasado febrero, cómo pasa el tiempo. Y es que ahora, más que nunca, la distancia temporal parece expandirse como el virus. Cuando, en realidad, es que como si hubiera abierto ayer mismo, tanto da. Hablar hoy, con la que está cayendo, de un hotel que da sus primeros pasos es motivo de esperanza, pero también de inquietud y empatía. Esperemos que, como tantos otros negocios nacidos para dar cobijo y felicidad, el Palacio Santa Clara no se quede a la intemperie. 

Teniendo en cuenta además que el primer Autograph de Marriott en Valencia es todo un tributo a la Valencia más luminosa y jovial, la de la edad feliz del diseño, la de los gloriosos años veinte. El Hotel Palacio Santa Clara aterriza en la antigua sede de la Caja de Ahorros del Mediterráneo, en el ensanche valenciano, bajo la marca Autograph Collection Hotels, dentro del grupo Marriott International, un portafolio de lujo con más de 180 establecimientos repartidos por medio mundo. En Valencia, AC Marriott ya cuenta con dos hoteles más. Ninguno como este. 

El espíritu del hotel está marcado a fuego en la identidad del edificio que lo contiene. Se trata de un inmueble diseñado en 1916 por el arquitecto valenciano Francisco Javier Görlich. Fue encargo de los Niederleytner para ubicar allí su negocio, en la planta baja, y su vivienda, en el resto de las cinco plantas coronadas en una imponente cúpula recubierta de pizarra. Esta familia burguesa se dedicaba a la huerta y sobre todo a la seda, cuyo negocio era administrado principalmente por la mujer, que a la postre ha acabado por dar nombre al hotel. El bonito palacete, que no destaca tanto como merece al estar encajado en una bocacalle de la arteria comercial Carrer de Colón, fue después el del Banco Coca hasta ser adquirido por la CAM y rehabilitado íntegramente en 1987. En 2019 llega la última reforma para adaptar el lugar a uso hotelero.  

Las líneas apuntadas por el arquitecto Görlich estaban claras: alegría modernista, técnicamente mejor definida como estilo academicista de influencia francesa. Ahí queda la esencia visible en el nuevo Palacio Santa Clara que, desde su entrada esquinera hasta sus interiores renovados, respeta el recuerdo todavía vivo de la fundación de un arte nuevo, joven y libre que se atrevió a romper con los cánones anteriores y con la visión dominante. Mencionada la fachada, qué bien luce el chaflán con el mirador doble seccionado por columnas, la ornamentación floral y la cúpula negra ya apuntada y cuyo interior ahora desvelaremos. 

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