El sector del ibérico mantiene una posición de liderazgo sostenido gracias a digitalización y modernización, a los avances que garantizan la calidad, trazabilidad y seguridad alimentaria, así como al aumento de las exportaciones

El producto ibérico proviene de una raza autóctona y única en el mundo que se alimenta de un ecosistema también único, la dehesa de la Península Ibérica, lo que convierte a los jamones y embutidos ibéricos en productos inimitables. Estas cualidades singulares aportan un gran valor a estos productos cárnicos, así como el saber hacer y la tradición. El sector, tanto en nuestro país como fuera de nuestras fronteras, ha sabido mantener el pulso y defender un producto tan nuestro frente a la diversidad de otros tipos de jamones que se elaboran en Europa y en países extracomunitarios. 

Con la publicación del Real Decreto 4/2014 del 10 de enero, se aprobaba una Norma de Calidad para la carne, el jamón, la paleta y el lomo ibérico, lo que obligó al sector a trabajar para su cumplimiento. Desde entonces, el sector ibérico ha experimentado una transformación con un efecto muy positivo en la recuperación y estabilidad de producciones y precios, en la diferenciación de distintas categorías de producto mediante el correcto etiquetado e identificación con precintos, y con mayor transparencia y garantía para el consumidor gracias, entre otras cosas, a una ‘app’ del ibérico que permite consultar toda la información como la trazabilidad de la pieza. 

Miguel Huerta, secretario general de la Asociación Nacional de Industrias de la Carne de España (ANICE), considera que “este sector moderno y competitivo ha conseguido, con trabajo y perseverancia, convertirse en un referente de nuestra economía e incluso de nuestra imagen como país”. Y añade: “el de los productos cárnicos es un mercado estable. La carne transformada, por ejemplo, ha visto aumentado su consumo en un 0,2% en comparación con 2017, así como el lomo curado y el chorizo, entre otros. Las cifras no varían mucho de un año a otro, y aunque en algunos casos los números hayan disminuido, en general los últimos años han mostrado una evolución positiva del consumo de productos elaborados”. También la calidad y variedad de productos, reconocidos a nivel nacional, han conseguido conquistar sectores como el hostelero, apunta, al igual que ocurre en “mercados exteriores, haciendo de la internacionalización el motor de nuestro crecimiento durante estos últimos años”.

Este crecimiento de la producción también ha sido la consecuencia de las exportaciones, en las que España tiene un papel cada vez más importante: “Las exportaciones han permitido cerrar estos últimos años en positivo para el conjunto de los sectores ganaderos, consiguiendo así un equilibrio de mercado. Los fabricantes, aunque han tenido que hacer frente a un aumento de precios de las materias primas, se han visto favorecidos por la paulatina recuperación económica, la reactivación del consumo y el auge del canal Horeca impulsado por el turismo”.

Coincide en la opinión con Antonio Prieto, presidente de la Asociación Interprofesional del Cerdo Ibérico (ASICI), quien estima que el sector ibérico atraviesa un buen momento porque hay un crecimiento sostenido y sostenible. “Esto se debe porque los incrementos de producción que se realizan año tras año se ajustan al crecimiento de la demanda de nuestros productos. Venimos de una crisis económica en la que el sector redujo su producción, pero desde 2014, con la implantación de la norma, la tendencia es de crecimiento. Desde ese año, por ejemplo, se ha incrementado la producción más de un 41%. En 2018 con respecto al año anterior, en más de un 5%, lo que indica que hay un crecimiento sostenido”. 

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