Uno de los hoteles históricos de Sevilla, convertido desde hace años en el Gran Meliá Colón, es además referente de un lujo renovado que sabe transitar de la tradición y el folclore taurino a la moderna hospitalidad del presente

Hoteles que poco a poco, han ido calando en el imaginario colectivo. Que a la postre son acreedores de una etiqueta ansiada por muchos, la de hoteles clásicos, que sin embargo cuesta mucho alcanzar como un valor imperecedero que les hace salir airosos de cualquier época. Algo parecido puede decirse del Gran Meliá Colón, un establecimiento que para los ciudadanos de Sevilla no necesita demasiada presentación. El que siempre ha sido conocido como el “hotel de los toreros”, nació en realidad como Hotel Majestic cuando fue inaugurado para la Exposición Universal de 1929 por el arquitecto José Miguel de la Cuadra Salcedo, Marqués de Castillejas. Como con otros grandes hoteles de otras grandes ciudades, aquel hotel fue el único que entonces incluía baño en cada habitación. Hoy, 90 años después y ya como Gran Meliá Colón, forma parte de la enseña The Leading Hotels of the World. Un hotel de los de antes, pero adaptado a nuestro tiempo. 

Dentro de Meliá Hotels International, la marca Gran Meliá Hotels & Resorts incluye a sus hoteles más distinguidos y viene a fijar un poco a su manera el concepto definitivo del lujo español. Gran Meliá Palacio de los Duques, en Madrid, Gran Meliá de Mar, en Mallorca, o Gran Meliá Nacional Río, en Río de Janeiro, resumen bastante bien este papel. El Gran Meliá Colón, por su parte, lo tiene todo para destacar en su categoría. En pleno centro, el hotel siempre ha mantenido un vínculo afectivo con la ciudad, siendo en realidad un atractivo turístico más por historia y por su relación con la cultura y el arte sevillanos. Catalogado como monumento, declarado Patrimonio Histórico por la relevancia de su fachada neoclásica de siete plantas, amén de por su cúpula central modernista, fue hotel favorito de los toreros, donde diestros y cuadrillas descansaban, se cambiaban y velaban armas antes de enfilar el paseíllo hasta la cercana plaza de la Maestranza. Ahora que se ha dejado atrás el año dedicado a Murillo, conviene además mencionar que el hotel se sigue acordando del pintor barroco sevillano que correteara de niño en sus alrededores. En el templo de la Magdalena, la Real Parroquia de Santa María Magdalena, a pocos pasos del Gran Meliá Colón, fue bautizado el artista en 1618. A ella dan varias de las habitaciones del hotel, que contiene, como de otros representantes del Siglo de Oro y maestros ligados a Sevilla, algunas reproducciones de su obra.  

Pero no siempre el Gran Meliá Colón lució tal cual hoy. El profundo lavado de cara y embellecimiento, tanto exterior como interior, tuvo lugar con la reforma integral que lo llevó a adaptarse a las necesidades de un cinco estrellas actual. Reabrió así en 2009 tras la remodelación realizada por Álvaro Sans, experto en arquitectura hotelera, junto con el estudio de arquitectura de Chus Manzanares y la decoración de Agustín Díaz. La cúpula modernista original, bajo la que aparece el sofá circular rojo rodeado de columnas, arroja una imagen que encuentra paralelismo con la del Palace de Madrid.

Leer el artículo completo en la revista