Luces y sombras en el sector de las bebidas espirituosas. Los estragos de la pandemia en la hostelería, las crisis logísticas y las polémicas políticas se mezclan con renovados hábitos de consumo, la fuerza de las marcas históricas y el brindis por una nueva era

Dejamos 2021 atrás y es momento de hacer balance del sector de los destilados. Un año de cierta transición tras la gran atipicidad de 2020 pero, en cualquier caso, un momento de crisis sin parangón provocado por la Covid-19. Todos los frentes permanecen abiertos mientras el inicio de la recuperación no puede dilatarse. Se trata de un sector estratégico que supone un 0,17% del PIB con un peso de 7.585 millones de euros en la economía española. Sus 141 millones de litros comercializados el pasado 2020 revirtieron en una balanza negativa de 33% menos de volumen de litros que en 2019 y una caída del comercio exterior del 21,4%. El cierre de bares y restaurantes fue definitivo y ese año fatídico supuso un cambio en el peso de los canales de ventas de bebidas espirituosas con caídas del 66% en Hostelería.

Difícil dar crédito a todas las cifras. Si el ‘whisky’ en España siempre fue la categoría más consumida, resulta que en 2020 la ginebra se impuso como la más comercializada. Habrá que esperar mejor a los datos de final del 2021, incluso a los de 2022, para certificar si realmente el ‘whisky’ está en retroceso.

Y a esto se ha sumado la actual inestabilidad global, la crisis del transporte y de la energía, la falta de suministros. Además de algunas decisiones políticas que el sector recibe con malestar. De todo esto hablamos con Bosco Torremocha, Director Ejecutivo de Espirituosos España.

Más allá del histerismo provocado por las roturas de algunos ‘stocks’, circunstancia que esperemos se supere pronto, preferimos centrarnos en una panorámica general de este ejercicio y con la vista puesta en el futuro.

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