El ‘bartender’ de Peyote San, Emmanuelle Otero, ha creado un viaje lleno de sabores y ron para intentar ganar el Bacardi Legacy. En el concurso se busca un nuevo clásico y que mejor inspiración que dos de las ciudades que fueron todo en la coctelería mundial: Nueva York y La Habana

Emmanuelle Otero no se había planteado vivir de la coctelería. De hecho, entró en este mundo a tiempo parcial y para ganarse algo de dinero que le permitiera sobrevivir durante su doctorado en Ciencias Políticas tras haberse licenciado en Historia.   

Sin embargo, cuando tuvo que elegir no dudó. “Me fui enamorando de la profesión y cuando me ofrecieron llevar la barra de una taquería que abría en Sevilla y era a jornada completa, tuve que elegir”. Y ganaron los cócteles.

Esto fue hace tres años, a partir de entonces ha venido aprendiendo casi a golpe de trago de todos los que han pasado por su mundo, hasta que ha llegado a ser jefe de barra del nuevo local del grupo Larrumba, Peyote San.

“A nivel de formación reglada, realicé los cursos en la academia Drinksmotion Andalucía, que me sirvieron de base, pero luego he sido muy autodidacta. Los libros me han formado mucho” asegura.

El ‘bartender’ reconoce que toda la coctelería clásica está en la base de la profesión, es imprescindible conocerla y dominarla tanto a nivel creativo como de conocimiento, puesto que es el punto clave del que hay que partir si se quiere seguir creciendo entre nuevas mezclas y cocteleras.

Sin embargo, cuando diseña sus cartas prefiere no incluir los cócteles clásicos y tirar más por opciones de la llamada “coctelería de autor”. “Claro que si algún cliente nos lo pide lo hacemos sin problemas, pero buscamos en el local que la oferta sea algo más personalizada, con productos nuevos que puedan gustar”, explica.

Últimamente no faltan en sus propuestas el vodka fusión habanero ni el agua de jamaica, “una mezcla mexicana que he utilizado tanto gasificada como en el mixter”. Para gustos, en este caso, sabores. Y todo lo que sale de sus manos queda muy lejos ya del ‘White Russian’, que fue el primer cóctel que preparó para unos jóvenes que habían llegado al bar con ganas de tomarse unas copas.

Lo curioso de Emmanuelle Otero es que, como cliente, sí que es todo un clásico y a la hora de pedir cócteles no suele salirse del ABC. “Soy mucho de ‘Negroni’, casi siempre está presente cuando bebo. O también de un ‘Dry Martini’. Y el que más suelo pedir es el ‘Whisky Sour’”.

En su día a día, este ‘bartender’ es de los que piensan que hay que tener cierta psicología con los clientes pero que la mayoría de las veces todo se soluciona con la relación que se establece entre los deseos del que se acerca a su barra y sus propias manos.

“Hay que tener cierto equilibrio en el trato porque cada cliente tiene unas necesidades propias: están los que tienen claro lo que quieren beber y, en esos casos, prefiero servirles muy bien lo que me piden porque está claro que no están abiertos a probar nuevas cosas. Pero también están lo que llegan abiertos y se ponen en tus manos y te piden consejos”, advierte Otero.

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