El vodka es un destilado especial al que le sigue costando imponer sus cualidades de pureza y neutralidad. Pero su carácter atemporal le hace resistir más allá de las modas comerciales, los vaivenes del mercado y de la última novedad del momento

A una de las bebidas más consumidas del mundo le falta relato. El vodka parece que no está, cuando la realidad es que… siempre está. Es el destilado que peca todavía del estigma de insipidez, de tener un carácter demasiado industrial, de arrastrar la imagen -a veces injusta- de bebida ochentera asociada a cócteles algo “horteras”.

El crítico y experto en coctelería Robert Simonson no lo pudo decir mejor: “El vodka ha sido durante mucho tiempo para el movimiento de cócteles artesanales lo que Phil Collins a la escena musical de los ochenta”. Despreciado por los conocedores por su personalidad anodina y a su vez resentido por su ubicuidad. Si un bar de leyenda como Milk & Honey se negaba a servir vodka, muchos le imitaban. Que si el vodka no tiene sabor, que si todos saben igual, que si es enemigo de la creatividad… Hasta que hace más de una década un barman tan importante como Tony Conigliaro empezó a reivindicar la dignidad de su sencillez y, a partir de ahí, el vodka ha vuelto a ser bien visto en la coctelera.

Porque el vodka siempre ha estado expuesto a impulsos comerciales. Desde el principio, en los años treinta cuando parecía que no tenía sitio frente a espirituosos tan del gusto estadounidense como el ‘whisky’ o la ginebra pero supo encontrar su hueco al conseguir imponerse como perfecto ingrediente de mezcla. A partir de detectarse esta oportunidad y a través de eslóganes efectivos, el vodka entró en el menú combinatorio y ahí se quedó. Los famosos lo anunciaban, la URSS ya no era tan “pérfida” y el ‘Moscow Mule’ arrasaba. Hasta se atrevió a desafiar a la ginebra como base del ‘Dry Martini’. A partir de finales de los años setenta, las marcas subieron como la espuma, el ‘Cosmopolitan’ se convirtió en sinónimo de lujo y sofisticación, y el vodka se consolidó como el destilado de Estados Unidos. Hasta que, con el cambio de milenio, la irrupción de los cócteles ‘craft’ y la vuelta al sabor volvió a ponerle en su sitio.

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