El grupo de vinotecas La Loca Juana prevé cerrar este año con 10 locales, tanto en propiedad como franquiciados, y el objetivo más que cumplido de acercar la cultura del vino a cualquier interesado en beber una buena copa, conducido por la calidad y el buen servicio

Los fundadores de La Loca Juana saben lo que es el buen vino. Empezaron a hacerlo, como tercera generación de productores, con su uva Verdejo de Valladolid, en una pequeña bodega en el año 2010. Pero la crisis económica y el mercado de la distribución, que sólo acababa apostando por el precio, les impedía llegar a sus potenciales clientes. 

“Así que decidimos montar una vinoteca en Córdoba y fue un éxito. Se llamaba Juana la Loca y con ella nos dimos cuenta de que cuando llegábamos al cliente final nuestro producto, en relación calidad precio, era muy buen visto. Luego abrimos otra en Úbeda, y bien. Pero teníamos que unificar criterios porque en Córdoba era una tienda y en Úbeda un bar”, explica el director general de grupo y socio fundador, Alejandro Calvo, con más de 20 años de experiencia en el sector de la hostelería.

Calvo se rodeó de otros socios en esta aventura que reunían también un gran bagaje de conocimientos, ya que cuentan con más de cien años de experiencia en el mundo de la producción, distribución de productos alimenticios, en Horeca e incluso del séptimo arte, entre los que se encuentran también los fundadores de Eroski, para definir el proyecto. 

“Traspasamos los locales que teníamos para hacer un poco de caja y empezamos de cero buscando un modelo competitivo tanto en Úbeda como en Madrid. Estuvimos dos años preparando la carta de vinos y de comida y buscando proveedores y en 2016 abrimos nuestro primer local en la capital, en la calle de La Palma”, relata Calvo.

Su idea con el grupo La Loca Juana era actualizar el modelo de taberna, ese tipo de bar de vinos tan famoso en el sur de Europa a principios del siglo pasado en el que el camarero no sólo servía bien la copa sino que se convertía en un fiel consejero y en un formador de bebedores de vinos. Y es que lo que buscan con sus locales es precisamente eso, crear un vínculo importante con el cliente y educarlo en el mundo del vino.

Para eso, en todos sus locales, tanto en propiedad como en los franquiciados, se organizan catas que buscan sin grandes artificios que la gente le pierda el miedo a los caldos. “Hay que acercarlos a la gente joven vía vinos ‘frizantes’, jóvenes, varietales sin madera … que el cliente que hoy pide un vino joven, mañana sepa apreciar un rioja”, aclara.

Y así empezaron a agrandar y exportar un nuevo modelo de negocio: esa especie de fusión entre restaurante y tienda que incluye una oferta de vinos enorme con más de 30 denominaciones de Origen y 80 referencias de bodegas nacionales e internacionales con variedades que van desde el joven al varietal sin madera incluyendo algunos autóctonos del lugar en el que se ubica cada uno de los locales La Loca Juana, por ejemplo, tres o cuatro referencias de Madrid en los locales de la capital y otros tantos finos en los de Andalucía.

“De hecho, somos de los pocos locales con unas 30 ó 35 referencias que se pueden tomar por copas, que están abiertas, para que el cliente las pruebe”, advierte.  

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