Versátil, fácil de beber, bebida social. ¿Estamos ante su nueva edad dorada, también en España? Analizamos las paradojas del vermut que encuentra en la premiumización una oportunidad para reivindicarse

Partimos de un interrogante por si realmente estamos ante un ahora o nunca para el vermut. Lo que estos últimos años sí nos han confirmado es que el momento aperitivo supone un elemento dinamizador de la hostelería, un balón de oxígeno en tiempos de crisis. Y ahí el vermut tiene -o debe tenerlo más- su espacio.

Se trata de una bebida de incuestionable personalidad social que acaba por decantar la balanza de los canales de distribución en favor del canal Horeca, circunstancia que se vio truncada por el cierre obligado, aunque durante los primeros meses del confinamiento se prolongó una tendencia de consumo casero del vermut con un incremento del 17% (hasta mayo de 2020 respecto al mismo periodo del año anterior, según el Observatorio Español del Mercado del Vino).

A pesar de la (supuesta) moda, se intuye todavía cierto desconocimiento del gran público respecto al vermut. Cabe recordar el origen alemán, ‘wermut’, del término en su traducción de ajenjo, su concepción moderna en el epicentro turinés y su definitivo desarrollo paneuropeo, tal vez como ninguna otra bebida alcohólica. Definido dentro de la categoría de vinos aromatizados y bíter-soda como “aperitivo vínico en el que aparece con carácter dominante el gusto y aroma característicos de las especies vegetales, del género Artemisa”, el vermut tiene la “facilidad” de oscilar entre los 15 y los 23 grados, lo que contribuye precisamente a su envidiable poder versátil y de combinación. Beber vermut solo (con y sin hielos) es una opción tan válida -mucho más para el consumidor español- como preparado o como ingrediente fundamental de coctelería. 

En 2019, el último año fiable antes de la pandemia, el mercado mundial del vermut alcanzó la cifra de 8,7 billones de dólares. Si Italia es el país productor y exportador líder, España sigue la estela, siendo además una de las primeras potencias consumidoras, junto con Francia y, por supuesto, Estados Unidos, el país que seguramente está impulsando más las ventas de la categoría en estos últimos años. 

Las buenas perspectivas del vermut en España se empezaron a consolidar ya en 2012 y no frenaron hasta 2017, según datos del INE, aunque en 2019 regresó el repunte hasta llegar a una producción valorada en 136 millones de euros. Y de acuerdo con los datos TAM a marzo de 2021 que nos facilita NielsenIQ, el total del vermut en hiper, super y tradicional aumentó un 48% respecto al periodo anterior. Pero, ahora lo veremos, el vermut ni es una moda aislada ni un invento comercial actual. Todo lo contrario, el vermut estaba instalado entre la sociedad del siglo XX hasta que se impuso la cerveza. Pero el tardeo, la vuelta al consumo diurno y, en general, la liturgia del aperitivo, han supuesto una nueva oportunidad para los vinos aromatizados, los bíters y las bebidas aperitivas. Aunque, el gran desafío sigue siendo relanzar las marcas españolas, popularizar la gran variedad de estilos y elevar la idea de lujo asociado a nuestros mejores vermuts.

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