De la mano del experto en vermut François Monti analizamos la actualidad de la categoría para reivindicar un nuevo tiempo de calidad y personalidad. Nos invita a recuperar aperitivos tradicionales, a apostar por una coctelería local que sea real, y a elaborar cócteles con menos alcohol por el uso de vinos aromatizados

Si hay una bebida que suscita expectativa popular en España es el vermut. Tras su caída en desgracia allá por los años setenta, la última década ha supuesto un resurgimiento de la producción asociada al consumo. El INE publicaba en su encuesta industrial de productos de 2019 un valor de unos 135 millones de euros vinculados a un tipo de bebida alcohólica cuyas ventas no se desplomaron con el cierre de la hostelería de 2020. De la cifra anterior se pasó a 149 millones, algo aparentemente insólito que parecía indicar que el consumidor se llevó su vermut favorito a casa.

Hoy Nielsen refleja una comparativa que adelanta algo de retroceso en las ventas totales de vermut en España. De los casi 102 millones de euros a marzo de 2021 a los 86,5 a marzo de este 2022. Y de los 20.233.240 de unidades vendidas el año pasado a los 17.629.025 de este. En cualquier caso, la categoría sigue al alza respecto a lo experimentado en años pasados más oscuros para este aperitivo. El problema, como escribió François Monti en su blog Jaibol a principios de 2021, es que crece desde hace diez años “sin que parezca que el bebedor se tome la molestia de indagar un poco más”. Para el escritor experto en historia de las bebidas y socio de la consultoría Amarguería, “es más fácil encontrar alguien que te diga que le encanta el vermut que alguien que sepa nombrarte tres o cuatro marcas que le gustan”. 

Cierto pesimismo con visos de burbuja que destila la combinación de asistir a una moda deseable pero que tarda en despertar en el consumidor medio interés real por las elaboraciones y procesos, sus peculiaridades, y sobre todo por exigir una calidad aceptable que debe pagarse. Se bebe cada vez más vermut pero no debería beberse cualquier cosa. Solo dándonos cuenta de ello el nivel de ambas partes podrá subir en consonancia. “La tolerancia a la mediocridad es enorme, hasta tal punto que muchos están dispuestos a beber un vermut “de la zona” por muy malo que sea. Que sea local les basta”. 

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