El consumo de esta bebida refrescante ha caído durante la pandemia en un 30%, pero sus productores esperan que el fin de las restricciones y la llegada del verano favorezcan de nuevo la recuperación de un sector muy unido a la hostelería

La tónica llevaba unos años, más de una década en concreto, viviendo una auténtica revolución en todos los sentidos: esta bebida refrescante con más de dos siglos de historia volvía a colocarse en el ‘top’ de los combinados gracias a la vuelta casi como un ciclón del ‘gin tonic’ y a todo el universo de cócteles y mezclas que se abría a su alrededor y que había convertido a esta bebida en una especialidad única dentro de la barra de los bares y las coctelerías. Incluso se llegaron a crear locales especializados exclusivamente en esta mezcla tan especial donde se ofrecía una amplia carta de tónicas para conseguir el pedido perfecto.

De hecho, como reconoce la Asociación de Bebidas Refrescantes (Anfabra), la estabilización de este nuevo hábito de consumo ha llegado a transformar hasta el mapa del consumidor habitual: “En España siempre ha habido mucha tradición de tomar combinados y, en los últimos años, ha resurgido con mucha fuerza el ‘gin tonic’ y la moda de la coctelería lo que ha favorecido la demanda de tónica, que ha ayudado a rejuvenecer en cierta medida el público que tradicionalmente bebía esta bebida”.

Esta situación del consumo de tónicas provocó que la venta de las bebidas refrescantes, en general e incluyendo todas las categorías, se mantuviera estable en el año 2019 respecto a los anteriores. Sin embargo, la crisis del coronavirus y el confinamiento ha cambiado completamente las perspectivas que tenía el sector y ha provocado que en 2020 y en lo que llevamos de 2021, los productores estén sufriendo “el impacto de la crisis con caídas en la facturación de casi un 30%”. Y eso que, por suerte, se han mantenido “las ventas en tiendas, mercados, supermercados, hipermercados y grandes superficies”, como explica Anfabra, “aunque el sector se ha visto fuertemente afectado por el parón del turismo y por el tiempo de cierre y posteriores restricciones a los establecimientos de hostelería y restauración, de donde proviene el porcentaje más alto de la facturación” para los productores.

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