Todo empezó en el año 2001 en Nueva York, ciudad fetiche del joven empresario Kike Sarasola en la que, fecha fatídica aparte, tuvo una visión: ¿por qué no hacer un hotel en el que realmente le apeteciera quedarse? La bombilla se encendió y, junto a Carlos Marrero y Gorka Atorrasategui, el entonces jinete olímpico decidió poner patas arriba el sector hotelero español y con una particular vuelta de tuerca establecer un paradigma de reinvención pura. Cumplía así la necesidad de encontrar un hotel bueno, bonito, barato y en el centro de las ciudades, capaz de satisfacer las tres “des” formuladas por Sarasola: dormir, ducharse y desayunar. Room Mate Hotels había nacido. (www.room-matehotels.com).La cadena cubría en un plazo muy breve de tiempo un nicho de hoteles urbanos y de diseño que competían gracias a la fórmula mágica compuesta por unos servicios imprescindibles -cama, ducha y bar-, una imagen desenfadada y actual, y una atención extremadamente profesional basada en una sonrisa. Lujo sostenible. Los hoteles Room Mate se salían del encorsetamiento habitual con un presidente y fundador omnipresente en los medios y con ganchos tan atractivos como alargar el desayuno hasta mediodía. ¿A quién le gusta madrugar en los hoteles? A los ‘roomies’ desde luego que no. Luego se atrevieron a lanzar ‘WiMate’ (‘free ‘wi-fi’ in the city’), lo que convirtió a sus hoteles en los primeros en ofrecer ‘wi-fi’ de alta velocidad y gratuito tanto dentro como fuera de ellos. Menudo invento. De nuevo, Room Mate se mostró imbatible, tal y como refleja su reputación ‘on line’ derivada también de su extraordinario dominio de las redes sociales -sobre todo con su perfil de Twitter- o de sus eficaces campañas virales de comunicación. Todo cuenta, desde convertir sus ‘castings’ para elegir rostro de sus nuevos hoteles en todo un acontecimiento a preocuparse por la accesibilidad de sus establecimientos y por la integración y formación de trabajadores con discapacidad a través de cursos de ‘shadowing’. También mantiene una activa colaboración con ONG’s, con acciones en Colombia, y ayuda a emprendedores, con la implicación directa de Kike Sarasola como el perfecto embajador de la marca. Sin ir más lejos, todo el dinero recaudado por las ventas de su libro “Más ideas y menos másters” se destinan a apoyar el proyecto de un emprendedor.

 

 

Leer el artículo completo en la revista