Muchos pequeños productores se encuentran con el muro de la distribución para poder llegar a más público en hoteles, bares y restaurantes. Aun así quieren aprovechar el ‘boom’ que se ha producido en el sector para asentar el consumo de cerveza artesana en España

Lo habitual es que uno llegue a la barra de un bar o la mesa de un restaurante y cuando pregunte al camarero ¿qué cerveza tiene? haya únicamente una marca de barril y algunas otras variedades en cristal. Más complicado resulta encontrarse con una lista amplia de cervezas que mariden con los distintos platos y mucho menos que la mayoría de las variedades que aparecen en esa enumeración sean artesanas.

“En la restauración aún tenemos mucho trabajo que hacer. Existen cientos de estilos de cerveza con amplísimas características organolépticas para el maridaje gastronómico; que se pueden tomar desde el aperitivo hasta el postre, y, sin embargo, es habitual entrar en restaurantes de lujo y con reconocimientos gastronómicos y que solo tengan una cerveza ‘lager’ de grifo y, si acaso, alguna otra en botella. Y siempre de la misma cervecera, por supuesto”, advierten desde la Asociación Española de Cerveceros Artesanos Independientes (AECAI), como un primer paso para intentar agrandar el hueco de presencia que ya tienen en el sector Horeca.

De hecho, los productores de este tipo de cerveza comparan, para mal, el trato que recibe esta bebida con el del vino, igualmente popular en España, y señalan las diferencias que han hecho que estén en distinto nivel cuando se habla de especialización y maridaje: “¿Se imaginan que en un restaurante solo tuvieran un tipo de vino o solo tuvieran vino de una bodega determinada? Pues bien, eso es lo que ocurre a día de hoy con la cerveza. No tienen carta de cervezas o, ni siquiera, variedades”.

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