Felicidad, alegría, júbilo, celebración… ¿quién no ha descorchado una botella cuando ha encontrado una ocasión que lo mereciese? El cava es sinónimo de un nuevo trabajo, un nacimiento, un compromiso, un aprobado y muchas otras cosas más que dan paso a que este legendario líquido se deslice por nuestras gargantas produciéndonos ese cosquilleo tan agradable que siempre acompaña a su ingesta, y a las razones por las que decidimos descorcharlo. El Consejo Regulador del Cava hace una descripción más técnica y precisa de este producto “el cava es un vino espumoso de calidad que caracteriza porque se elabora mediante el ‘Método Tradicional’, proceso en el que su segunda fermentación y crianza se lleva a cabo en la misma botella que descorcha el consumidor”. Para ostentar esta denominación, el Consejo asegura que “el cava se somete a un exhaustivo control de calidad que empieza por los viñedos, pasando por los controles analíticos y organolépticos de los vinos bases, e incluso por las propias instalaciones de las bodegas elaboradoras o los tapones y etiquetas. Todo un complejo sistema de control que se complementa con la verificación de la calidad del producto acabado, autorizando el uso de la Denominación Cava y también de las menciones Reserva y Gran Reserva”.
Desde las empresas que comercializan con este tipo de producto, también resaltan algunas cualidades para diferenciar un buen cava. Por ejemplo, desde la Bodega Torelló añaden que “a nuestro modo de ver, es importante que la uva proceda de viña propia, seleccionadas y vendimiadas a mano, de mostos-flor vinificados cuidadosamente en la bodega, con uso de levaduras propias. Además, debe estar sometido a largas crianzas para obtener los beneficios positivos de la autólisis, a una temperatura controlada. Finalmente, será clarificado manualmente en pupitres y no se le añadirán azúcares, salvo en los tipos Brut en los que se añadirá una pequeña cantidad de licor de expedición que no esconderá sus características organolépticas originales”. Por su parte, desde la Bodega Pago de Tharsys también apuntan que “la burbuja es una de las principales claves para descubrir si tenemos un buen cava en nuestra copa. Debe ser muy fina. Pero, por supuesto, que el método de elaboración y la elección de las uvas son las claves más importantes para el resultado final”. Esta opinión coincide prácticamente con la del enólogo, Óscar Canals, de Canals & Munné que asegura que “un buen cava debe de tener una burbuja pequeña y persistente. Tiene que ser muy fino al paladar y agradable, con un postgusto correcto. No tiene que dar ni dolor de cabeza ni de estómago. Además, tiene que prestarse a beber varias copas durante la comida”.

 

 

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