Fue en marzo de 2012 cuando entró en vigor la normativa integral del vino ecológico en la Unión Europea. Por fin en España se podía etiquetar un vino como “vino ecológico”, dejando atrás un periodo de prácticas sospechosas y de productos que como mucho podían ser catalogados bajo la etiqueta de vino “elaborado con uvas ecológicas”. A partir de entonces, según el Reglamento 203/2012, para este vino quedaron prohibidas técnicas como la concentración parcial en frío o la eliminación del anhídrido sulfuroso mediante procedimientos físicos. Entonces ya augurábamos un futuro real a la producción de estos vinos, más si cabe por el interés que empezaban a mostrar países como Suecia o Alemania en hacerse con los caldos españoles, competitivos como ningunos en cuanto a calidad-precio. Había mucho terreno que recuperar, pues potencias productoras como Estados Unidos, Chile, Australia o Sudáfrica habían fijado mucho antes posiciones legales respecto a esta categoría. Hoy, España es líder mundial en producción de vinos ecológicos, por delante de Italia y Francia, cada vez hay más bodegas especializadas, más superficie dedicada a estos viñedos, más concursos y ferias temáticas -por ejemplo, Ecoracimo, que ha celebrado su edición número 18, y es el concurso internacional de vinos ecológicos más antiguo- y, lo más importante, mayor interés por parte del consumidor.

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