Creación, seducción, sabores novedosos, exotismo, técnicas que miran al pasado con los ojos de un presente muy real… Fantasía, color, magia y un querer dejarse embriagar partiendo del paladar. Todo esto representa el mundo de la coctelería. Al menos la que practica Jessica Florez. Una ‘bartender’ integrada en esta rama del arte, como bien lo pone de manifiesto cada día en Èccola Restaurant & Club. Esta joven figura de la ‘mixología’ nos presenta en este número algunas de sus recetas de cócteles, con los sueños de “llegar a ser reconocida en el sector como una gran profesional y, algún día, poder tener un espacio propio. Una buena coctelería que sea punto de referencia como muchos de los sitios en los que he trabajado”, afirma Jessica.
Un buen día cruzó el Atlántico desde su Colombia natal con sus estudios de coctelería realizados durante un año para ‘liarse la manta a la cabeza’ en nuestro país agitando una coctelera. Actividad que comenzó llevando a cabo en lugares de renombre como la coctelería The Penthouse del hotel ME by Meliá, de Madrid; o en Belmondo Cocktails también en la capital, “junto a Francesco Cavaggioni y Miguel Ángel Jiménez, dos grandes de la coctelería con los que tuve la oportunidad de aprender mucho sobre preparaciones caseras y destilados -comenta Jessica-. Aquí conocí a Diego Cabrera y a Michel A. Díaz, del ‘staff’ de Le Cabrera, quienes me invitaron a formar parte de su equipo. En el local, aunque mis funciones se centraban más en la sala, día tras día, aprendí mucho de estos grandes profesionales, así como de su coctelería, clásica y moderna.
Después de mi estancia en Le Cabrera, empecé a trabajar en Mérimée de la mano de Fernando Gómez y Luis Pérez, grandes ‘bartenders’ con amplios conocimientos con los que compartí la apertura de dicho local. Después de muchos cambios, me nombraron jefa de barra en Mérimée.

 

 

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