La industria harinera y semolera proporciona una materia prima básica y estratégica en la industria alimentaria, donde la harina de trigo es la dominante frente a otras que marcan tendencia, como cereales secundarios, granos antiguos o harinas de legumbres

El consumo de harinas y sémolas ha formado parte de nuestra base de alimentación a lo largo de la historia. En pocos hogares y restaurantes se prescinde del consumo de alimentos elaborados con esta materia prima, principalmente el pan. Se trata de una importante industria en nuestro país que transforma anualmente cinco millones de toneladas de cereales con destino a la alimentación humana; de ellos se obtienen algo menos de cuatro millones de toneladas de harinas y sémolas. De este total, entre un 5% y un 6% se destina a la exportación, superando las 220.000 toneladas anuales. 

Con este producto trabajan una gran cantidad de industrias alimentarias de segunda transformación, como los sectores de panadería, bollería, pastelería, galletas, pastas, ‘pizzas’, alimentos infantiles, platos preparados, ‘snacks’ y un largo etcétera. 

A todos estos productos transformados los españoles destinamos, aproximadamente, el 12% de nuestro gasto total en alimentación. Eso en condiciones normales porque, al igual que ha ocurrido en casi todas las industrias, la pandemia ha afectado también a este sector, sufriendo una reducción global de la producción en torno al 10% durante el año 2020. Las noticias sobre el desabastecimiento de harina empaquetada en los supermercados debido a la “fiebre” por hacer pan y repostería en casa pudieron representar una suerte de espejismo, ya que ese segmento del mercado representaba, antes de la Covid-19, solo un 3% de la producción total de harina, frente al 97% que se destina a las industrias alimentarias de segunda transformación, y que canalizan parte de su producción hacia el canal Horeca. 

Los datos facilitados por la consultora NielsenIQ reflejan este aumento del consumo en hogar en 2020: el TAM cerrado a la semana 52 indicaba un volumen de 160.333.000 de kilos de harina (+40,1%) y un valor de 145.942.000 euros (+42,1%); en el caso de la sémola se registró un volumen de 22.000 kilos (+103,7%) y 40.000 euros de valor (+112,3%). Gonzalo Marín Facundo, ‘client executive consultant’ de NielsenIQ, explica que este pico de consumo en hogar se percibió, sobre todo, durante las semanas 10 y 20, en las que los consumidores adquirieron tanto harinas y levaduras como productos de repostería y cocina. Sin embargo, a pesar de que se disparase el consumo en el hogar, la caída del segmento industrial en 2020 fue mucho mayor, debido al cierre de establecimientos de hostelería, restauración, hoteles y por la práctica desaparición del turismo internacional.

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