España es país de helados. Los consume por tradición, por una inercia asociada al sol y playa que los fabricantes se afanan en desestacionalizar. El potencial es enorme en un momento en el que se abre su consumo a nuevas formas relacionadas con la salud

Sale el sol y el personal no está dispuesto a derretirse sin contar con la ayuda de un helado. Es la costumbre de todos los años. Evolucionan los hábitos de consumo pero en España la asociación que supone el polo de palo, la tarrina o el cucurucho con el verano y el ocio sigue siendo inquebrantable. Y eso es así, no ya por una mera necesidad, digamos, fisiológica -aunque intervienen factores de búsqueda de felicidad para reducir el estrés, por ejemplo-, sino por una cuestión cultural. España es un país de helados, sí, pero sobre todo para el verano. Con todo, la tendencia hacia una deseada desestacionalización del consumo gracias a la innovación y a la incorporación de nuevos sabores -frutos secos, cardamomo, jengibre… para los “helados de invierno” – es sólo eso, una tendencia creciente, pero no una realidad tan firme como muchos productores quisieran -aquí los heladeros artesanos tienen mucho que decir todavía-. Un modelo como el de los países escandinavos podría servir para desbaratar ciertos clichés. Noruega y Suecia lideran el consumo europeo per cápita de unos helados que no tienen por qué ser únicamente emblema del calor. En España, este consumo ronda los 6,5 litros per cápita, lejos todavía de esos países ‘fríos’ aunque se empieza a acortar la distancia respecto a Italia, otra potencia heladera.

Superada la crisis que infectó todos los sectores, incluidos el alimentario y la categoría de los helados, la línea en España es ascendente. Carlos Díaz Romero, ‘senior client consultant’ de Nielsen, nos reconoce que “la categoría venía mostrando un crecimiento espectacular en los últimos años. Sin embargo, en 2018, debido a un efecto climatológico con un verano más frío que el año anterior, la categoría no creció en volumen, aunque cerró con crecimiento en facturación debido a la apreciación de la categoría”. Esta es la incidencia que tiene el factor clima y, por ende, el del sector turístico cuyo destino continúa ligado al del consumo de helados. Se revela también en que las Comunidades líderes en actividad heladera son Andalucía (21%), Comunidad Valenciana (17%), Cataluña (15%), Madrid (9%), Canarias (7%) y Baleares (7%), según datos de ‘Insight View’. “Es una categoría que depende mucho del tiempo. Comerse un helado sigue siendo un momento de placer, así que, a poco que el tiempo acompañe, seguiremos teniendo buenas noticias de esta categoría”, avala Díaz Romero, de Nielsen.

La Asociación Española de Fabricantes de Helados (AEFH), por su parte, publica que el canal principal en el que se mueven los helados sigue siendo Horeca e Impulso, con una concentración del 55% de las ventas. Y si nos centramos en las preferencias, de acuerdo con el 2º estudio que realizó Frigo sobre Hábitos de Consumo de Helados en España se extrae que el cucurucho todavía lidera los gustos del 37% de los consumidores españoles, por delante de la tarrina, con el 31,7%, y del palo, que convence a un 22,6%. Dentro del mundo de la tarrina, se ha atendido a la irrupción de los helados en plancha fría, tan instagrameables. Por sabores, el indiscutible es el chocolate, por encima de la vainilla, de la misma manera que se mantiene la inclinación hacia los helados de crema, en torno al 90%, por delante de los de hielo, según la AEFH.

La clave parece estar en conseguir que el helado sea visto como un alimento y no como un simple producto recreativo, mera chuchería, sin apenas valor nutricional. De la misma manera que han ido apareciendo nuevas opciones que satisfacen al consumidor cada vez más segmentado, como los formatos mini, la fórmulas del ‘snacking’ o del ‘on the go’, el mercado se empieza a llenar de alternativas acordes a las necesidades y exigencias actuales. Helados bajos en calorías y sin azúcares añadidos, sin lactosa y sin gluten, con ingredientes funcionales y ecológicos, se incorporan en cascada para sumar al factor de indulgencia y placer el obligado de la salud.

Leer el artículo completo en la revista