El Grifo Rosado de Lágrima 2025 es un vino vibrante y refinado, capaz de conectar con un consumidor que valora tanto la autenticidad del origen como los vinos con carácter y recorrido
El Grifo, la bodega más antigua de las Islas Canarias y una de las diez más longevas de España, presenta Rosado de Lágrima 2025. Un vino que muestra la versión más pura, elegante y contemporánea de la variedad autóctona y prefiloxérica de dichas islas, listán negro.
Este rosado, elaborado exclusivamente con uvas de listan negro, nace de una selección cuidadosa de las mejores parcelas, con un seguimiento exhaustivo de la maduración para determinar el momento óptimo de vendimia. Su elaboración parte de un gesto esencial y preciso: en el llenado de la prensa, el mosto escurre de forma natural, sin necesidad de ejercer presión, más allá de la producida por el peso de los propios racimos. Ese primer mosto, conocido como “mosto yema” o “mosto lágrima”, apenas entra en contacto con los hollejos y permite obtener una expresión especialmente limpia y delicada, con una extracción mínima de color y una gran pureza aromática.
Vinificado en blanco y fermentado a temperatura controlada de 17-18 °C, el vino permanece después alrededor de un mes sobre sus lías finas, una decisión técnica que explica buena parte de su perfil en boca: amplio, untuoso y sedoso, con una textura aterciopelada que lo aleja del rosado ligero y lo sitúa en un registro mucho más serio, preciso y gastronómico. La breve maceración con las pieles permite extraer la esencia aromática de la variedad y suavizar su tanicidad natural, dando lugar a un vino equilibrado, fresco y con profundidad.
Con una producción de 13.000 botellas, El Grifo Rosado de Lágrima 2025 confirma la versatilidad de la listán negro y el saber hacer de la bodega en la interpretación de sus variedades históricas.
El Grifo Rosado de Lágrima 2025 presenta a la vista un color rosa pálido, brillante y elegante, reflejo de esa mínima intervención y de una elaboración que apuesta por la sutileza. En nariz, se expresa con frescura y finura, con un claro protagonismo de los frutos rojos -fresa y frambuesa- junto a esos matices balsámicos y de hoja de tomatera tan característicos del listán negro, a los que se suma un delicado fondo mineral que remite al paisaje volcánico de Lanzarote. En boca, sorprende por su volumen y por la suavidad envolvente de su paso, con recuerdos de frutas rojas poco maduras, una frescura bien definida y un final persistente que prolonga su personalidad con elegancia.
Se trata de un vino vibrante y refinado, capaz de conectar con un consumidor que valora tanto la autenticidad del origen como los vinos con carácter y recorrido. En definitiva, que convence por su precisión, su textura y su capacidad para contar, desde la elegancia, la singularidad volcánica de Lanzarote.





