Tras los años de locura un poco de calma. La ginebra busca su sitio para seguir siendo importante. Pasarán cosas en la categoría y se abrirán nuevos caminos pero el gintónic seguirá como bebida nacional. Sergio Estévez de Lo Catamos nos lo cuenta

Desde que el gintónic irrumpiera en escena para quedarse la ginebra como categoría dejó de ser la misma. Este combinado al estilo español cambió no sólo los valores del consumo sino los hábitos y los rituales. En casa y, lo que nos ocupa, fuera de ella. El análisis de su evolución es el de un caso único, incluso sociológicamente hablando. De representar un consumo ínfimo a lo largo de los años a experimentar un ‘boom’ sin precedentes y permanecer en lo alto arrastrada por su resaca. Hoy la ginebra tiene un mínimo comportamiento negativo (-0,6%) en un contexto general de ligera bajada del consumo de bebidas alcohólicas. Pero, según los mismos datos extraídos del último informe socioeconómico de Espirituosos España, la comercialización de la ginebra en 2023 se mantuvo en tercer lugar con una cuota de mercado del 19%. España, además, es líder de la Unión Europea post-Brexit en la producción de ginebra, al igual que de otros muchos ‘spirits’, si bien las cifras de exportación bajaron un poco respecto a 2022. 

En cualquier caso, estos números hay que verlos desde la lógica de ser una categoría que busca resituarse en unos niveles ya de por sí significativos, aunque no lleguen a los de sus años de revolución. El gintónic sigue siendo hegemónico y su reinado no peligra. En combinado, la ginebra –o el ‘gin’, como deberíamos referirnos a su categoría– arrasa en todas sus formas y con todo tipo de ‘mixers’. En esa búsqueda del equilibrio, confirmamos la sobriedad del gintónic actual, establecido con unas bases ya muy sólidas. El consumidor ha interiorizado la dosis adecuada, entre 30 y 50 ml, o entre 40 y 60 ml por cada 200 ml de tónica, las burbujas, el ‘mixer’ frío, el hielo correcto en tamaño y dureza. Al menos, eso queremos pensar. 

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