Una radiografía económica, logística y de tendencias para la hostelería moderna destaca que este producto es clave tanto en la fidelización de clientes como en la ampliación a sectores y hábitos de consumo nuevos
El café ha dejado de ser un mero producto presente simplemente en el desayuno de los españoles o en ese momento de cerrar una comida en un restaurante. Incluso ya va más allá del elemento que consigue reunir en torno a una mesa a un grupo de amigos o familiares a determinadas horas. En la hostelería contemporánea, la taza de café se ha consolidado como un activo estratégico de alta rentabilidad y, sobre todo, como un factor de diferenciación que marca la experiencia gastronómica con entidad propia.
El consumidor actual ya no se conforma con pedir una bebida genérica más. Exige trazabilidad, comprende muchos de los conceptos culinarios que se aplican a este grano y busca de forma activa sabores y perfiles sensoriales muy concretos.
Una tendencia a la que el sector de la hostelería y la restauración no están siendo ajenos y que ha supuesto la creación de estrategias específicas para capitalizar esta evolución del mercado, comprendiendo claramente la compleja cadena de valor que define el producto, desde las condiciones climáticas de los países productores hasta el impacto en los costes de suministro.
Por eso, para dimensionar la relevancia de este producto, es necesario analizar las magnitudes macroeconómicas que mueve el sector en nuestro país y ver el café como un motor financiero y de empleo masivo.
Según los datos oficiales de AECafe, la asociación española que representa al 90 % del sector cafetero español, en el ejercicio 2024, la producción nacional de café tostado y soluble superó las 218.000 toneladas.
Asimismo, el consumo estimado dentro del mercado español creció hasta las 207.000 toneladas, consiguiendo unas cifras que adquieren su verdadera dimensión social al traducirse en volumen diario.
En España se consumen más de 67 millones de tazas de café al día, que si lo dividimos entre la población adulta, unos 38 millones de potenciales consumidores, nos sale a más de 1,7 taza de este líquido oscuro por habitante cada 24 horas.
Desde el punto de vista laboral y del tejido empresarial, el impacto de la industria cafetera es extraordinario, ya que el sector es responsable de la creación de más de 6.200 puestos de trabajo directos en tareas de importación, tostado, torrefacción y envasado, según estos mismos datos.
Sin embargo, cuando se evalúa su onda de impacto dentro del canal de la hostelería y la restauración, la cifra se dispara hasta rozar los 110.000 empleos indirectos y es ahí donde las sinergias entre el café y Horeca son todavía más importantes.
El café se ha consolidado como el dinamizador económico por excelencia en la restauración con presencia capilar en más de 235.000 establecimientos de hostelería a lo largo de toda la geografía española y siendo un activo clave en la facturación diaria de estos locales, además de en la fidelización del cliente.







