La categoría del whisky americano evoluciona y empieza a ser reconocida en el mundo. Quedan caminos que recorrer, pero la innovación, la experiencia cercana y la calidad creciente salida de las destilerías ‘craft’ abren mercados

No es mal momento para hablar de ‘whisky’ americano. A pesar de que el mundo de los espirituosos atraviesa una cierta nebulosa producto de las contingencias internacionales, podemos aislarnos y afirmar que estamos en plena reinvención de la categoría que nos ocupa. En general, el ‘whisky’ vive un momento en el que unos cuantos agentes inquietos están abriendo nuevos caminos. Observamos un auge del ‘whisky’ de malta a nivel mundial. También en Estados Unidos, donde empieza a ser una incipiente industria con futuro. Nuevas técnicas, nuevos ingredientes y nuevas maneras de producir vienen a certificar que a veces conviene romper con lo establecido. Incluso en un terreno tan aparentemente tradicional como el del ‘whisky’, cuya gran familia, llena de hermanos y primos, hasta de vecinos, demuestra también su dinamismo. Todos sus miembros, al fin y al cabo, forman parte de la historia del “agua de vida”. Cereales, madera y tiempo. 

Sin embargo, queda mucha pedagogía por hacer y muchos estereotipos que desenmascarar. Porque, recordamos, no todo el ‘whisky –o whiskey’– americano es bourbon. Ni mucho menos. Sí, la fama se la adjudicó casi en propiedad el estado de Kentucky, en donde el condado de Bourbon se hizo fuerte. Escoceses e irlandeses habían desembarcado ya sus alambiques allá por el siglo XVIII. Pero tampoco todo el bourbon se hace hoy allí, sino que medio país sabe a ese grano envejecido en roble americano recién quemado.

Para intentar desentrañar algunas claves que vayan más allá de la destilación única en columna continua, el envejecimiento mínimo de dos años o el carácter más dulzón de estos ‘whiskies’ adherido al imaginario colectivo, hablamos con Salvador Blanco, Director de Ventas Internacionales en Samson & Surrey. Tras más de veinte años de experiencia en el mundo de los destilados, habiendo sido nombrado ‘Keeper of the Quaich’ en 2014 por la industria del ‘whisky’ escocés, ahora está volcado en proyectar el producto de la otra orilla. Y ahí entra en juego la innovación, las historias que contar, y la artesanía. Gracias a su visión netamente internacional, Salva viaja sin parar, podemos llegar a entender el alcance del ‘whisky’ americano en la actualidad, impregnado de valores como la experimentación, la transparencia, la cercanía y la premiumización. 

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