Una de las ciudades más bellas del mundo necesita una hospitalidad que no defraude la experiencia. El nuevo Lasala Plaza Hotel hace justicia a San Sebastián con grandes dosis de cultura, arte, gastronomía y confort. Y las mejores vistas imaginables

Hay hoteles que nadie los pide, que están por estar, y hoteles que parecen llamados a filas por su condición de indispensables. Si convenimos que San Sebastián es suficientemente indispensable, con una hermosura magnética que atrapa más allá del tiempo, entendemos que siempre sean bienvenidos lugares de hospitalidad que estén a su altura. Cosa nada fácil, desde luego, pero que una ciudad tan principal venía pidiendo. No tenemos que esperar más, ya está aquí el hotel que San Sebastián necesitaba: Lasala Plaza Hotel. 

Rumbo a uno de los corazones de la capital donostiarra. En uno de los extremos de la bahía, el casco antiguo configura una plazuela a espaldas del puerto pesquero. Allí, un león de bronce la preside procedente de la Plaza Vieja. La estatua, fundida en 1814 por Val d´Osne, fue trasladada desde su fuente original a su actual emplazamiento de la Plaza Nueva tras la caída de la muralla en 1863. Así es como, el símbolo que siempre fue guardián de la ciudad pasa a convertirse en guardián de los huéspedes del hotel Lasala. Su identidad visual, además, ha sido aprovechada por el diseño gráfico de Laura Berthier. 

Frente al león, el edificio de seis plantas se hace acreedor de una primera mirada de asombro. Levantado en 1917, impuso sus valores constructivos de planta cuadrada de 550 metros cuadrados de superficie, tres fachadas exteriores y una cuarta medianera con la Casa de Valencia. No fue sencilla su rehabilitación como inmueble de especial protección (grados C y E), aunque el resultado final realza el carácter romántico de esta Parte Vieja, especialmente de noche cuando el encendido de las luminarias, integradas en el edificio para minimizar el impacto visual, embellece el conjunto de piedra. Un cuatro estrellas superior, lujoso y refinado, fiel a la Donostia de finales del siglo XIX, la ciudad aristócrata, burguesa y de alta sociedad. 

Como los hoteles no nacen por generación espontánea, cabe recordar que Lasala Plaza Hotel pertenece al grupo SADE (Sociedad Anónima Deportes y Espectáculos), todo un valedor de la cultura local que fuera fundado en 1925, que pivotó de la gestión de frontones a la programación de espectáculos y, sobre todo, a la exhibición cinematográfica y al Festival de Cine de San Sebastián. En 2009, además, inauguró Astoria 7, su primera incursión hotelera, en su caso bajo la temática del cine. Por lo tanto, la llegada ahora de Lasala confirma que detrás de esta aventura hostelera hay conocimiento de causa, nada de intereses ajenos a la propia ciudad. 

El viaje por la cultura, el arte y la historia de San Sebastián que representa la identidad del hotel no cae sin embargo en la tematización. Presentado como hotel ‘boutique’ o, más concreto, como ‘art-hotel’, Lasala Plaza Hotel mira constantemente al mar, literal y metafóricamente. Desde el mismo acceso y en cada una de sus plantas, transformadas en “museos itinerantes” donde caben fotografías, grabados, fototipias y esculturas que se exhiben en colaboración con el Museo Aquarium, el Museo Romano Oiasso, el Museo Naval o el Museo San Telmo, así como el Castillo de la Mota o la Factoría Marítima Vasca Albaola. Conocemos así la cultura marinera, desde el siglo I a.C., la evolución de la pesca y de la tradición ballenera, los oficios costeros, las gentes del mar… 

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