Lo tienen todo por delante. El mercado interno es suyo. Ante la percepción cambiante del mundo del vino, los jóvenes son vinos con futuro. La categoría se revaloriza ante un clima de mayor exigencia en calidad y variedad

Vinos jóvenes, que no inmaduros, y sobradamente preparados. Ya se está en condiciones de ofrecer una mirada nueva a estos caldos que, desde la profesionalidad y experiencia de sus productores, elevan su consideración por preservar, a veces más que ningunos otros, las propiedades del fruto. Ya no se habla despectivamente de “vinos cosecheros”, sino que, por fin, y no sin esfuerzo, los vinos del año son objeto de demanda de otro consumo más versátil sin que ello implique menos espíritu crítico. Vinos que aportan un disfrute distinto al traducir la uva desde su zumo apenas alterando la esencia. Como mucho, con un ligero y sutil toque de madera. Vinos jóvenes para el bar, para el brindis en la mesa, para concursos y para todos los públicos. Vinos de calidad creciente. 

ELABORACIÓN Y CARACTERÍSTICAS DE LOS VINOS JÓVENES

Por lógica, es el tiempo el factor determinante de estos productos. Su vida, extraída de vides recogidas normalmente durante la última cosecha, se alarga en un plazo de consumo que no pasaría de dos años, siendo estrictamente del año los vinos rosados. A diferencia de un vino de guarda, alargar este tiempo no contribuye a una evolución positiva de sus propiedades organolépticas. Cada tipo de vino necesita unos cuidados. Un vino joven es aquel que se pasa a botella tras la fermentación alcohólica del mosto (escasa maceración entre hollejo y mosto, y a unas temperaturas que no pasan de los 25 ºC en el caso de los tintos, todavía más escasa la de los blancos y sin pasar de los 22 ºC), sin contacto con barrica, a no ser que se limite a un pequeño periodo concreto establecido por cada Consejo Regulador de las distintas Denominaciones de Origen. 

La mayor singularidad del proceso vinculado a los vinos tintos jóvenes es que, en ocasiones, en lugar del método tradicional de estrujado de uva y mezcla del hollejo con el mosto se opta por el de maceración carbónica, según el cual los racimos entran con la uva entera en los depósitos antes de saturarlos con dióxido de carbono. La fermentación se lleva así a cabo dentro de las uvas para obtener unos vinos, de vida más exigua, pero aún más fieles a sus variedades de origen. Todas estas variaciones respecto a otro tipo de vinos más longevos repercuten positivamente a la hora de remarcar los aromas primarios y secundarios, que son los arrastrados de la uva y de los procesos fermentativos. Aromas florales, frutales, vegetales y minerales como primarios; de fermentación, más de bollería, lácticos y amílicos como secundarios. El descorche libera perfume a jazmín, violetas, rosas, o a grosella, cereza, pera, incluso a pan, yogur o plátano, pero nunca aromas terciarios como recuerdos a café, pimienta o cuero. El color tiende a ser más vivo y vibrante, mientras que, con una acidez equilibrada y un cuerpo moderado, en boca se hace valer su parte afrutada y herbácea. 

MERCADO DE LOS VINOS JÓVENES

Se ha dejado claro ya que es momento de dejar de seguir relacionando a los vinos jóvenes con vinos de baja calidad, un error que ya no tiene por qué arrastrarse. La necesidad de abrir el vino en general a otros perfiles de consumo, menos expertos pero de meritorio entusiasmo, lleva a posicionar al vino joven en un rango desestacionalizado. Como vinos frescos y agradables, como vinos más asequibles que además sirven para cualquier momento, se suben a la ola de un mercado optimista. 

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