Salobre Hotel Resort & Serenity se podría bautizar como un ‘desert hotel’ que encara las dunas de Maspalomas, izando la bandera de la sostenibilidad. Con su talante de complejo hotelero concilia muy bien un elevado ‘standing’ con el respeto a su entorno

De tierra baldía a tierra fértil, una transformación llevada a cabo con esfuerzo ancestral en el sur de la isla de Gran Canaria. Si el norte fue agraciado de mayores recursos para el cultivo, el contraste con este paisaje árido no fue impedimento para que sus habitantes superaran la inclemencia con perseverancia y visión de futuro. Allí empezó a crecer la vida. Y las oportunidades. En lo alto de una loma pelada y aparentemente hostil, frente al océano, fue concebido un complejo hotelero que quiso conciliar un elevado ‘standing’ con el respeto a su entorno. Nació como Sheraton y hoy vive una nueva andadura bajo el nombre de Salobre Hotel Resort & Serenity.

Estamos ante lo que se podría llamar un ‘desert hotel’. Al fin y al cabo, no cabe definir la imagen circundante sino como la de un desierto en toda regla. Con las dunas de Maspalomas al fondo. La arquitectura que diera forma al complejo marcaría por lo tanto gran parte de la valoración inicial, algo que a la postre ya le sirvió para acumular premios y reconocimientos. Que si el ‘Gold List’ de Condé Nast Traveler en 2015, que si el ‘World Golf Awards’ 2016 como Mejor Hotel de España o el premio ‘L’Tur Palme’ al Mejor Hotel Diseño en 2011, gracias a su arquitectura “sencilla y vanguardista”. Esta identidad estructural viene avalada por el proyecto inicial de Allen + Philip Architects, destacado estudio con sede en Arizona cuya principal actividad se centra en diseñar proyectos de hospitalidad basados en su conocimiento del desierto. Con un total de 35 premios concedidos por la cualidad innovadora de su ‘portfolio’, el estudio estadounidense eligió este hotel para su primer trabajo en Europa. El resultado, en la misma línea de otros resorts como el Montelucia, el Sanctuary o el Boulders, todos en el desierto de Arizona, confirma una aspiración: lograr la máxima integración de los edificios en el paisaje. Para el reto, los materiales empleados también contribuyen. Por eso se eligieron piedras naturales procedentes del valle de Ayagaures, que se extiende en la isla desde estas mismas dunas de Maspalomas hasta las montañas. El Salobre Hotel Resort es un oasis, pero no terminaría de serlo si no hubiera cierto efecto mimético, casi de espejismo. El contraste es de bajo impacto, sutil. Algo que contribuye decisivamente en la creación de una atmósfera balsámica que lo envuelve todo. Relax, silencio apenas modulado por el viento. Sensación de paraíso en tierra salvaje.

Y eso que el primer acercamiento revela que en el ‘desert hotel’ se juega al golf. De hecho, se trata del único hotel de Canarias en ofrecer dos campos de 18 hoyos cada uno. El primero de ellos, el Old Course, fue diseñado por Roland Favré para todo tipo de jugadores, aunque incluyó algunos de los hoyos más exigentes al estar rodeados de piedra. El New Course es un campo nivel ‘challenge’, diseñado en este caso por Ron Kirby. Más técnico, este campo está en su totalidad integrado en el entorno como parte del ideario de compromiso medioambiental con que se presenta el hotel. La presa de riego, utilizada para autoabastecer a los campos, es su mejor ejemplo. Hotel bonito, pero sostenible. Recomendable es, además de emplearse a fondo en estos hoyos, aprovechar las condiciones que dicho entorno pone al servicio de la práctica de otras actividades. Desde rutas en ‘mountain bike’ hasta partidos de fútbol sobre hierba natural. Por supuesto, hay zonas para practicar yoga. Qué mejor lugar para la relajación y las asanas. Incluso el gimnasio se abre al atardecer. 

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