Una categoría que puede llegar a seducir no sólo a entendidos. Hay futuro para los tintos Reservas españoles, acreedores de elogios por su equilibrio entre el valor del viñedo y su paso por bodega. Una calidad que la madera no esconde

Un Reserva siempre suena importante. Aunque hace tiempo que se conviene que la vejez de los caldos no tiene que corresponder con su finura, lo cierto es que esta categoría de vinos tintos suele estar asociada a un estándar de calidad por encima de la media. Al menos, para eso se guardan y se les imprime paciencia, que en estos casos sí debería ser la madre de la ciencia vitivinícola.

Antes de valorar su estado actual en el mercado, no está de más recordar lo que marca la calificación de los vinos Reserva: su tiempo de envejecimiento, por encima de los crianza, por debajo de los Gran Reserva. Según dicta el Consejo Regulador de la Denominación de Origen Calificada de Rioja, denominación líder por mucho en venta de tintos de barrica, son vinos con un periodo de guarda de al menos 36 meses y un mínimo de 12 en barrica. Si atendemos a la nueva norma que entró en vigor el pasado enero, a esta definición habría que añadir un apunte final: “seguida y complementada con un envejecimiento mínimo en botella de seis meses”. Con dicho requisito inédito hasta ahora se aseguraría una conveniente puesta a punto antes de ser descorchados. Una medida con la que se quiere dotar de mayor prestancia a estas referencias Reserva, auténticos emblemas de la relación calidad-precio de la D.O. Ca. Rioja y los vinos que han sido capaces de acumular mayor valor en los últimos años. Desde que a finales del siglo pasado las ventas de vinos de guarda de las bodegas de Rioja inclinaran la balanza a su favor respecto al resto de vinos jóvenes, no ha habido vuelta atrás. Hoy el porcentaje ronda el 65%, siendo Reserva la categoría que sigue creciendo más. De los 18 millones de litros vendidos en 1994 a los 45 millones comercializados en 2017, 28 de ellos destinados al mercado exterior. Y eso que aquel año resultó flojo en general, para el canal Horeca en particular. Fueron los coletazos de la crisis económica e incluso los estragos del Brexit.

Pero no ha tardado de nuevo en mostrar un repunte favorable. Así nos lo expone el director comercial de las navarras Bodegas Príncipe de Viana: “Tras los años de crisis, durante la cual esta categoría de vinos sufrió una disminución notable en términos de ventas en todos los canales de distribución, poco a poco se aprecia una recuperación, pero todavía dista de alcanzar el nivel de ventas de tiempos pre-crisis. En términos de exportación, la categoría de Reserva experimenta una tendencia similar”. Así, nos encontramos con cifras al alza respecto a años anteriores. Si en 2016 los Reserva y Gran Reserva crecieron un 2,8% en volumen de ventas en Alimentación y Hostelería, hasta alcanzar los 23,6 millones de litros, en el año cerrado a septiembre de 2018 lo hicieron un 15,5%, “lo que implica alcanzar una cuota de un 7,7% en vinos con D.O. y de un 11,8% en vino tinto con D.O.”, según nos cuenta Ricardo Alcón, ‘new business development manager’ de Nielsen. “Este crecimiento se ha centrado en Alimentación, donde estos vinos alcanzaron una cuota de un 20% de las botellas de tinto con D.O.”.

“En cuanto al estilo”, prosigue el director comercial de Príncipe de Viana, “se consolida la preferencia del consumidor por vinos donde la fruta tiene una mayor presencia en detrimento de la madera pero, ante todo, prima la calidad. Los vinos Reserva que consigan equilibrar las notas de su crianza e integrarlas a la perfección con la fruta, tienen mayores probabilidades de éxito”. Así que, hay margen para ser optimista: “Los vinos de calidad siempre van a tener futuro, ya sea en la categoría Reserva o en cualquier otra, y por ello apostamos por vinos de calidad superior, que reflejen sobre todo su origen y la filosofía de calidad en su elaboración”.

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