Los vinos andaluces viven una segunda juventud gracias a un mayor conocimiento de sus cualidades, su versatilidad en maridajes y un mayor interés tanto en España como en el mercado exterior

A lo largo de la historia el vino ha sido siempre un bien muy apreciado y consumido pero los elaborados en España han gozado, especialmente, de gran prestigio. En Andalucía, además, se elaboran una serie de vinos con solera que empiezan a conquistar el paladar de muchos, no solo en las fiestas y ferias sino como perfecto acompañante de una comida, tanto en España como en el resto del mundo. Son vinos genuinos cuya “crianza responde a prácticas ancestrales, heredadas generación tras generación”, presume Beltrán Domecq, presidente del Consejo Regulador Jerez-Xérès-Sherry y Manzanilla-Sanlúcar de Barrameda. Sus vinos se engloban en tres categorías: vinos generosos (secos como Fino, Manzanilla, Amontillado, Oloroso y Palo Cortado), dulces naturales (obtenidos a partir de mostos procedentes de uva muy madura o soleada, generalmente de las variedades Pedro Ximénez o Moscatel, con lo que se obtienen vinos Moscatel y Pedro Ximénez); y generosos de licor (obtenidos mediante la práctica tradicional de cabeceos o combinaciones, a partir de vinos generosos con vinos dulces naturales o, en determinados casos, con mosto concentrado, como el Pale Cream, Medium y Cream). 

Para su elaboración, los llamados vinos del Marco de Jerez se envejecen generalmente en el método de criaderas y soleras. “En virtud de este sistema, el vino que se embotella se extrae de una última escala de envejecimiento, formada por un determinado número de botas (barricas) que generalmente es la situada más cerca del suelo, de ahí su nombre de solera, en las que se contienen los vinos más viejos. La cantidad extraída de estas botas se sustituye con el vino más joven contenido en la fila superior de botas, la primera criadera, y ésta a su vez por el vino de la segunda criadera, más joven aún, y así sucesivamente. El resultado: vinos excepcionales y que mantienen, año tras año, la más alta calidad”, explica Beltrán Domecq. La crianza dinámica de estos vinos permite un envejecimiento prolongado, muchos de los cuales se encuentran entre los más viejos del mundo, con edades muy por encima de los 20 ó 30 años. “El periodo mínimo de crianza para cualquier vino de Jerez es de dos años, aunque la mayoría supera con creces esta edad. Hablamos de un envejecimiento medio y los sistemas de solera tienen una rotación, dependiendo de su envejecimiento. A partir de las variedades de uva blanca cultivadas en el Marco de Jerez se obtiene un sorprendente abanico de colores, aromas y sabores que conforman la excepcional diversidad de los vinos de Jerez”. 

Al amparo de esta Denominación de Origen trabajan 51 bodegas de crianza y expedición, 15 almacenistas y 11 bodegas de producción. En la última campaña celebraron un aumento del 31% de la producción total, pasando de los 57 millones de kilos del 2016 a los casi 75 millones del 2017; aunque en términos de rendimiento, el crecimiento solo fue del 27% debido al clima seco de 2016. 

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