Esta coctelería asturiana apuesta por los fundamentos de la coctelería clásica y por un aprovechamiento del producto que les lleva a hacer hasta sus propios refrescos

Mala Saña es un local muy pensado. La decoración, la carta, los horarios y hasta el nombre llevaron de cabeza a sus dos socios, Saúl Vega e Iván Vázquez, para que todo encajara como un puzle perfecto. “Nosotros abrimos Mala Saña, un 28 de diciembre de 2016. Más o menos un año antes empezamos a pensar en ello. Saúl y yo nos conocimos en el año 2012 porque trabajamos juntos en un local que hay enfrente del Teatro Campoamor, El Opera Café, y teníamos un interés común: el amor por la hostelería y por trabajar la copa y el cóctel”, explica Iván Vázquez.

Ambos socios habían tenido una formación parecida en la que la copa es el culmen de un servicio que tiene que estar pensado al milímetro: “Estuvimos ocho meses trabajando en el proyecto, trazando todas las líneas: llevábamos todo medido, hasta cuánto pesaban las pieles  del limón o de la naranja… para abrir de la manera más segura y con todo mirado al detalle”.

Estos dos asturianos siempre tuvieron claro que querían ofrecer una carta basada en la coctelería clásica, “aunque con algunas variaciones”. Para ellos, la base de cualquier mezcla nace de ese conocimiento, de todo lo que hay detrás de estas recetas que llevan décadas disfrutándose de barra en barra. 

De hecho, ni siquiera se sienten cómodos, de inicio, con la palabra ‘bartender’. “Nunca nos ha gustado etiquetarnos así. Nuestro maestro fue Roberto Valle, que se dedicó a trabajar por todo el mundo abriendo negocios para compañías muy importantes a nivel internacional en los años 80, que fue cuando la coctelería clásica empezó a golpear fuerte en zonas como Londres, Nueva York…, y nos marcó las pautas y los valores de cómo teníamos que ver la coctelería. Con el paso del tiempo hay cosas que no nos gustan porque se pierde el respeto, los valores, y cada vez hay más malabaristas”, aclara Iván.

Por eso, en su enorme terraza en el centro de Oviedo, a 400 metros de la catedral, se servirá siempre un cóctel serio pero en un ambiente canalla, que por eso se llama Mala Saña. “El nombre lo pensamos porque en su día, todo lo que englobaba el mundo de la coctelería, parecían locales muy serios, con camareros con pajarita, y pensamos en hacer un concepto más desenfadado, donde tuviera cabida todo tipo de personas… y usamos el saña como sinónimo de carácter”.

Y lo han conseguido. Si por algo se caracteriza esta coctelería es porque es capaz de aunar en sus mesas a clientes muy diversos, “de 35 a 50 años”, que les gusta el alcohol o que prefieren lo ‘sin’, por el aperitivo o por el ‘afterwork’… “Nunca fuimos de copas de última hora. Nos dedicamos más a la copa diurna: sesiones matinales, con el aperitivo los sábados y domingos, donde trabajamos los cócteles como en Italia, con diferentes bebidas. Luego la sesión de la tarde con copas y más cócteles. Y luego la noche”, añade Vázquez.

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