Sobre la interminable playa de La Barrosa, el Gran Meliá Sancti Petri experimenta una vida renovada con habitaciones abiertas al mar, el exclusivo servicio ‘RedLevel’ y el restaurante Alevante, del chef Ángel León, con una estrella Michelin

Balcones con vistas al mar, habitaciones con jardín privado, gastronomía de autor… El Gran Meliá Sancti Petri es un hotel que vuelve a estar en primera línea, de La Barrosa, playa infinita gaditana que todavía conserva su naturaleza intacta, pero también de la hotelería nacional del lujo. De un lujo que a este lado de la costa siempre fue vacacional y que aspira ahora, en su veinte aniversario y tras un conveniente ‘restyling’, a desestacionalizar sus atractivos para exhibirse todo el año. 

El presente de Meliá Hotels Internacional, compañía líder mundial en el segmento de los hoteles vacacionales, está marcado por el impulso que lleva concediendo precisamente al lujo de la mano de su marca Gran Meliá Hotels & Resorts. Un lujo, reiteramos, atemporal que se presenta acompañado de arquitectura distinguida y cultura española en destinos siempre destacados. Del Gran Meliá Colón de Sevilla al Gran Meliá Palacio de los Duques en Madrid, pasando por el Gran Meliá Xi’an de China, el Gran Meliá Roma o el Gran Meliá Iguazú de Argentina. Un total de 13 propiedades Gran Meliá en todo el mundo a las que pronto habrá que sumar más como parte de un plan ambicioso de expansión. A finales de 2019, sin ir más lejos, está previsto el lanzamiento del Gran Meliá Zhengzhou, un paso más en la apuesta asiática de la histórica empresa que fuera fundada en Mallorca en 1956. 

Pero ni en Sevilla, ni en Madrid, ni mucho menos en China. Gran Meliá también sabe sacar músculo en un rincón tan exclusivo como Sancti Petri, a orillas de la playa La Barrosa, un fino y kilométrico arenal que conecta el hotel con su paisaje salvaje de dunas y ecosistema aún protegido. A media hora de la ciudad de Cádiz y rodeado de cinco campos de golf. Así es el contraste de Sancti Petri, en donde reabrió su Gran Meliá tras una profunda reforma que le llevó a actualizarse a los nuevos tiempos, a ponerse al día en diseño y en prestaciones. Como si de un resort caribeño se tratara, se puede vivir la experiencia privilegiada de llegar a él a bordo de una gran furgoneta Mercedes. Así de importantes se sienten los huéspedes que entran por primera vez en el ‘hall’, donde el recibimiento se llena de sonrisas y actitud solícita. Maletas por un lado camino de los aposentos, viajero por otro, al que en seguida se le irán los ojos tras la silueta troquelada de los patios exteriores. 

UN PALACIO ANDALUZ DE CINCO ESTRELLAS

Antes de tomar posesión de su habitación, el huésped descubre estar en una suerte de palacete estilo neomudéjar, de inspiración nazarí en esos patios marmóreos y ajardinados, de fachadas de impecable enfoscado color albero y terracota que parecen encenderse con la intensidad del atardecer, la hora bruja gaditana. Arquerías y torreones, suelos de terracota, olivos y hasta siete fuentes que jalonan el patio principal otorgan un empaque singular y del todo andaluz a este hotel que invita a pasar de su plaza soleada a la gran piscina, al fondo. Allí, a modo de mirador, esas prometidas vistas que vuelven a parecer del Caribe, en realidad se recortan en una fenomenal postal atlántica.  

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