Aprendió desde muy joven la unión que surge entre quien está detrás de la barra y el que llega a pedir una bebida. Por eso sabe que el buen comer y el buen beber están en el mismo plano, igual que la coctelería y la cocina

El apellido Goikoetxea ha supuesto para Borja no sólo la identidad familiar oficialmente establecida, sino el motivo de una unión con una tierra que apuesta en su ADN por la comunión del buen comer, el buen beber y la cuadrilla-familia. Quizá por eso Borja decidió desde muy prontito que él también quería ser anfitrión fuera de casa, pero de los mejores.

“Tuve bastante claro lo que quería ser gracias a ver a mi hermano detrás de la barra y ver el cariño con que recibía a sus clientes. Que después se convertían en amigos”, explica el barman de Angelita Madrid.

Este coctelero aprehendió así, siendo un adolescente, la conexión que hay entre el que está detrás de la barra y el cliente que se aposta en ella esperando calmar no sólo las necesidades físicas. “Cada día aprendía algo nuevo. Me apasionó ese estilo de vida”.

Así que no tuvo reparos en ofrecerse a un bar de su pueblo para trabajar gratis sólo para poder usar las cocteleras e ir cogiendo destrezas en eso de los cócteles. “Mi primera mezcla fueron los típicos ‘martinis’ preparados. Una bebida muy propia del País Vasco”, aclara.

Quizá de ahí nace uno de sus tragos favoritos, el ‘Rosita’ que tiene mucho de ese vermú clásico de mediodía, tipo aperitivo, pero con un toque de tequila y Campari.

Lo curioso es que con la normativa actual, Borja Goikoetxea habría empezado a preparar cócteles incluso antes de que legalmente pudiera probarlos.

“Comencé pronto a curtirme, con sólo 17 años pedí trabajar gratis. Tenía que espabilarme para ponerme al día en la barra”, relata entre bromas.

Y la experiencia no pudo ser más positiva. Cuando salía del local sólo pensaba en comprarse libros, en ir a catas, en empezar a estudiar hostelería. “Me apasionaba”. Así que poco a poco se fue introduciendo en el mundo del vino, de la cerveza y, sobre todo, en el de los aperitivos.

Uno de los momentos más importante de su carrera fue el descubrimiento de los destilados y combinados: “Me presenté a mi primer concurso con un ‘Daiquiri’ y tuve la suerte de ganar un premio, que era una formación de una semana en Madrid con los mejores bárrmanes del momento como Tony Conigliaro, Giuseppe Santamaría, Andrew Nicholls y Michael Menegos. Me cambió la vida”.

Después de haber visto el ritmo de las manos de estos magos de la coctelería supo que tenía que seguir creciendo y se trasladó a Bilbao para especializarse en esas mezclas. Durante cinco años fue el alma de locales como Casa del Bandido y la Compañía del Ron, pero también estas barras se le quedaron pequeñas y llegó a Madrid, con 23 años, y directamente al Ramsés, un paso previo muy instructivo para su actual laboratorio de creación: Angelita Madrid, un local que fue nombrado el Mejor Bar de España 2017 en el Congreso FIBAR.

En cada una de esas barras fue limando esas maneras del que es el mejor anfitrión, siendo detallista y mimoso con todo lo que hace y que se reflejan en cada trago que inventa o que prepara. De hecho, si se le pregunta qué es lo mejor de su profesión no duda: “Poder hacer feliz a la gente y recibir su cariño. Y poder relacionarte con gente de otros ámbitos sociales y viajar haciendo lo que te apasiona”.

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