Escogemos algunos bares significativos para establecer un pequeño mapa de la coctelería berlinesa. Green Door, Crackers, Stagger Lee o Velvet representan el alma rupturista de una ciudad que siempre va por delante

Decir que Berlín es diferente tampoco supone descubrir mucho. Pero es una verdad palmaria. Hay quien la define como la Disneyland de Alemania, igual que Kreuzberg, el barrio turco de la ciudad, bien podría ser la Disneyland de Berlín. El carácter del berlinés no es el carácter del alemán, por decirlo de otra manera. Y esta originalidad se traslada también a la coctelería. Los bares de Berlín poco tienen que ver, en densidad y en calidad, con los de otras urbes del país. La libertad que se respira en sus calles, ese aire de despreocupación, flexibilidad, espíritu inconformista y capacidad creativa se percibe en los locales y en su cultura de cócteles. Berlín es única, vanguardista y ‘underground’ a partes iguales.

El latido de la noche berlinesa sigue vibrando a ritmo de ‘techno’. Aunque la mejor escena ‘clubber’ del mundo sigue en plena forma, hay noche más allá de las fiestas ocultas, el ‘cyberpunk’ y el ‘sado’. Hay mucho cóctel que probar. Puede llamar la atención que Berlín esté alejado de la influencia directa de la industria -ni un sólo nombre suele aparecer en la lista de los ‘50 Best Bars’, y únicamente Schumann’s se cuela desde Múnich en el ‘ranking’ de los mejores en representación de Alemania-. Sin embargo, el Bar Convent Berlin es una cita imprescindible del sector. Los números de participación de la edición de este año celebrada en octubre así lo indican.

Acontecimiento que posiciona a Berlín como una de las grandes capitales del mundo de la coctelería. Con su propia personalidad, alejada tal vez del canon que mueve las tendencias actuales. Pero, como cualquier pionero, acabarán por copiarle. Apostamos a que en unos años encontraremos repartidos por Europa bares no tan auténticos que, inspirados en los de Berlín, recuerden que de aquí siempre salen modelos a imitar. 

Porque aquí hablamos más de bares que de ‘bartenders’. Cierto que hay profesionales con gran proyección, como el jovencísimo Arash Ghassemi, con experiencia en el Schwarzen Traube y en el Green Door, pero son los distintos modelos de bar lo que queremos resaltar. Amano Bar, Herr Lindemann, Beckett’s Kopf, Buck & Breck, Rum Trader… Bares tan aparentemente diferentes como el Bar Zentral y el Monkey Bar. El primero, bajo las vías del tren y muy cerca del zoo, engaña. Aparenta ser uno más y es uno de los mejores. Bajo un luminoso que reza “disappear here”, el Zentral despliega una barra interminable perfectamente preparada para la actividad coctelera. Al fondo, un cuarto de baño repintado de camuflaje al estilo de la Armada Británica durante la Primera Guerra Mundial, diseño de Sandow. Y sesiones de vinilo como hilo musical. Es un bar donde el hielo se talla a mano y donde gusta mucho lo latino: mezcal ‘negroni’, ‘daiquiris’, ‘piñas coladas’, ‘Lupe Margarita’ (tequila, mezcal, ‘chartreuse’, naranja seca y sal ahumada), y ‘highballs’ como ‘El Diablo’ (tequila 100% agave, ‘cassis’, lima y TH ginger ale). Cerca de allí, el Monkey Bar, algo muy diferente. Encaramado en la décima planta del 25hours Hotel Bikini Berlin, icono de la primera ola ‘hipster’, es el bar con mejores vistas de la ciudad. Al Tiergarten, principalmente. Ayudado por el picoteo del restaurante NENI, ofrece ‘highballs’, clásicos y cócteles de autor, además de una selección de ‘gin tonics’, ‘mocktails’ y varios más dedicados al apadrinamiento de la mona Bini, nacida en el Berlin Zoo en 1980. Uno de sus mejores cócteles recientes es una versión del margarita: ‘Howling Monkey’ (Don Julio Añejo, zumo de manzana, sirope de vainilla y zumo de limón con un toque de suero de leche). Por supuesto, no falta el dj residente en este Monkey Bar, un lugar 100% ‘instagrameable’.

Leer el artículo completo en la revista