Las bebidas funcionales, por definición, son aquellas que complementan su aporte nutricional con componentes fisiológicos y que representan un beneficio extra para la salud. Esta funcionalidad, que de forma natural se puede encontrar, por ejemplo, en el té, por sus propiedades antioxidantes, se puede adicionar con nutracéticos como el omega 3, el calcio de la leche, proteínas, vitaminas o minerales, entre otros. Para García Carrión, empresa fabricante de zumos bajo la marca Don Simón, una bebida funcional “ejerce un efecto positivo sobre la salud del consumidor y cuyos beneficios pueden explicarse mediante mecanismos de acción fisiológica que han sido contrastados con estudios nutricionales”. La mayoría de bebidas funcionales que podemos encontrar en los lineales de supermercados o dirigidos al sector profesional son la leche, los zumos y bebidas con base de estos dos ingredientes. Tal y como señaló la consultora Iri Worlwide a Bar Business, los datos del mercado arrojan unos números que las empresas deben tener en consideración para mantener sus cifras de negocio. Los datos de venta por volumen en la categoría de bebidas funcionales (con base de agua y leche), se redujeron en el TAM de septiembre de 2016 en comparación con el mismo período del año pasado. En el caso que nos ocupa, las bebidas con base de leche pasaron de los 148,87 millones de litros del 2015 a los 137,56 millones del 2016. Si hablamos de las ventas totales de ambas categorías en valor y tomando como referencia el mismo período comparado, el sector pasó de facturar 204 millones de euros en 2015 a 184,19 millones en 2016. De estas cifras, la facturación de bebidas funcionales con base de leche pasó de los 146,91 millones de euros del 2015 a los 132,98 millones de este año.

 

 

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