Hagamos un poco de memoria. Las bebidas refrescantes ya pululaban por España allá por 1835, primer año del que se tuvo constancia, aunque se limitaban casi a prescripción facultativa, pues su consumo aliviaba malestares estomacales. Pero sifones (los primeros refrescos elaborados en el país), zarzaparrillas (una especie de antecedente del sabor de cola) y gaseosas (genuinamente nacional, lideraron el mercado durante un tiempo), así como años más tarde los refrescos de sabores (naranja, limón o cola), junto con el ‘bitter’ y, por supuesto, la tónica, se abrirían paso de manera imparable. Llegó en 1936 el primer refresco sin burbujas, creado por el Doctor Trigo, y hoy en día este tipo de bebidas sin gas representa alrededor del 20% de la producción total de bebidas refrescantes en España. De la Mirinda, refresco nacido en España y conocido en el mundo de la mano de Pepsi, a la revolución planetaria de los refrescos carbonatados de cola, al principio importados y más tarde fabricados también en suelo español. Fue un punto de inflexión en el mundo empresarial y de la comunicación. En los años sesenta irrumpió el sabor amargo, el conocido ‘bitter’ rojo, muy consumido en el aperitivo y entre las mujeres. Poco a poco, aparecen los refrescos ‘light’, entre 0 y 7 calorías por 100 ml. y actualmente categoría que representa la cuarta parte de la producción de refrescos. La evolución de los envases de las bebidas refrescantes, por su parte, ha tenido que ver con el hecho de garantizar la calidad y seguridad de los productos, además de facilitar su consumo en distintas situaciones. Hace mucho que quedaron atrás los sifones de cota de malla o las botellas de vidrio con tapón de porcelana de las gaseosas. Los materiales se han ido aligerando. Aparecieron las botellas de plástico PET y las latas.
Nos centramos a partir de ahora en las bebidas refrescantes y excluimos de ellas las energizantes, los preparados de té y las mismas tónicas. Para la Asociación de Bebidas Refrescantes (ANFABRA), se trata de “bebidas analcohólicas, carbonatadas o no, elaboradas con agua de consumo humano, aguas preparadas, agua mineral natural o de manantial, que contienen uno o más de los siguientes ingredientes: anhídrido carbónico, azúcares, zumos, purés, disgregados de frutas y/o vegetales, extractos vegetales, vitaminas y minerales, aromas, aditivos autorizados u otros ingredientes alimenticios”.

Leer el artículo completo en la revista