El único hotel con el que cuenta el concepto Aire de baños ancestrales, Aire Hotel & Ancient Baths, promete un descanso único en sus camas Coco-Mat, desconexión en su ‘Spa’ de inspiración histórica y vistas a lo mejor de Almería desde la piscina de la azotea

No es habitual asomarse a Almería, ciudad por conocer, si de hoteles se trata. Capital algo olvidada por los lujos terrenales, conviene recuperar su brillo y encanto a través de proyectos de hospitalidad tan bien avenidos con estas bondades como el hotel ‘boutique’ que nos ocupa y que abriera puertas el primero de diciembre de 2010. Un cuatro estrellas que hace justicia a esa impresión algo extendida de que España es un país de grandes hoteles en esta categoría media-alta, la mejor vara de medir de la hotelería nacional. Ejemplos como el Aire Hotel & Ancient Baths dan pie a mantener esa idea. Pocos países pueden competir en este escalón (prestaciones, confort, acabados, precio, gastronomía) con hoteles como este. Si además se mira de tú a tú con el imponente conjunto monumental de la Alcazaba y las Murallas del Cerro de San Cristóbal el desafío se antoja imposible de igualar.

Antes de avanzar y acceder al hotel desde los soportales de la mismísima Plaza de la Constitución, la que fuera Plaza Vieja, algunos apuntes empresariales: Aire es un concepto dedicado a la relajación de cuerpo y mente que se puso en marcha hace ya 18 años. Todo empezó en Sevilla, en el barrio de Santa Cruz. El grupo de socios liderado por Armando Prados se hacía con una casa-palacio mudéjar para iniciar su particular visión del bienestar inspirada en la tradición balnearia de las civilizaciones antiguas. La idea era desarrollarla en el interior de edificios con historia en el centro de las ciudades. Barcelona, con un almacén del Born, enseguida se unió a la causa; y después Almería, siendo además la única ciudad que suma hotel a los baños, además de la masía del siglo XV que atesoran en Vallromanes, cerca de la Ciudad Condal. No se conformaron: en 2012 abrieron en el barrio de TriBeCa de Nueva York, y prometen alguno más en Manhattan, este mismo año en el Upper East Side. Llegó Chicago, en una vieja fábrica de River West, y a la espera están sendos centros más en Copenhague y Londres. Aire crece al tiempo que la vida demanda bajarse en marcha de la vorágine diaria.

Por todo ello, por esa tendencia siempre cosmopolita de la dirección, se agradece el haberse acordado de una ciudad como Almería, desde donde mirar al mundo con aún más calma si cabe. Sobre las ruinas del antiguo zoco, un pequeño templo subterráneo hace parar el tiempo. Pero antes, el hotel, un establecimiento de diseño que contribuye a imponer con sutileza sus cualidades para la desconexión: desde la extrema comodidad de sus camas Coco-Mat al desayuno servido en la azotea con vistas.

El paso de la plaza al interior del hotel, con el preámbulo de la arcada exterior, explica una transición que tiene el punto justo de rusticidad (portada de madera noble, farolillo, paredes rugosas, suelos entarimados) pero que pronto se encuentra con las formas, las texturas y la estética más contemporáneas. Con total sencillez, sin dejarse arrastrar por ningún barroquismo ni exceso de ornato, la construcción de principios del siglo XIX muestra una reforma agradecida llevada a cabo por el estudio de arquitectura Alonso Balaguer de Barcelona y que, en una segunda fase en 2016 para su mejora y ampliación contó con el arquitecto local José María García Ramírez. Reina así en los discretos espacios de convivencia, desde el ‘lobby’ al ‘lounge-biblioteca’, una armonía de trazos modernos y muebles actuales de diseñadores de firma. Naturalidad que apenas se pierde en los pasillos que dan a las habitaciones, algo más artificiosos. 

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