Yeray Monforte, Santi Ortiz y Román Vila se lanzan a abrir Bad Company 1920, una coctelería secreta y preparada para luchar contra el aburrimiento y contra la Covid-19 al mismo tiempo, trasladando a todos sus clientes a los famosos años 20 de EE.UU.

Cuando casi todo está prohibido por la pandemia, Yeray Monforte y dos socios más, Santi Ortiz y Román Vila, se lanzan a abrir un espacio que busca ser un túnel en el tiempo y en el espacio para transportarnos a la época donde la clandestinidad fue más glamourosa, los años 20 en EE.UU. Eso sí, para entrar en Bad Company 1920 no hace falta salir de las proximidades de la madrileña plaza de Callao. “En septiembre me contactaron y fuimos a ver el local. Nos encantó. De la noche a la mañana le dije al equipo de Dr. Stranvisky que me marchaba”, cuenta ilusionado Monforte.

Hasta el nombre del nuevo local es una invitación a ese mundo sórdido e invocador. “En aquella época se decía que no te juntaras con la ‘bad company’, la mala compañía, la gente que bebía alcohol, y quisimos darle una vuelta jugando con ese concepto”, explica Yeray, uno de los dos responsables que estará al frente de la barra.

En estos momentos, juntarse con malas compañías suena atractivo pero que nadie se crea que en el Bad Company que acaba de abrir sus puertas, alguien podrá saltarse la ley. Todo el local está acondicionadísimo para cumplir con la máxima normativa que marca la lucha contra la Covid-19: “Es un proyecto muy arriesgado en mitad de la pandemia pero llegamos con los deberes hechos. El local ya estaba construido y sólo hemos dado un retoque para cambiar la estética y volverlo más estilo años 20”.

Lo más divertido de este nuevo ‘speakeasy’ en el centro de la capital es su modo de funcionar: “Se baja por unas escaleras al bar, que está en el sótano de un restaurante, y se entra por una puerta secreta, con una mirilla y un timbre. La parte de arriba, nuestra tapadera, es una empresa que importa objetos de EE.UU., como teteras, almejas, libros, platos.. y demás que será la vajilla que usamos en los cócteles pero que también venderá algunos artículos como una caja de perfumes que es un cóctel, las mascarillas que estamos creando especialmente para nuestros clientes o un ‘pack’ de ‘gin tonic’… Es como una minitienda de 1920”, asegura.

Leer el artículo completo en la revista