La ‘barmaid’ Jasmine Manzoni empezó a trabajar en un bar para poder cumplir el sueño de hacer el Camino de Santiago. España y los cócteles han sido la mezcla perfecta de vida de esta italiana asentada ahora en Mallorca

Jasmine Manzoni reconoce abiertamente que se colocó detrás de una barra porque necesitaba dinero. Tenía 15 años y en su Bérgamo natal, el bar era una buena salida para hacerse con la cantidad suficiente para hacer el Camino de Santiago. Sin embargo, lo que empezó como un sueño de verano ha acabado siendo su profesión y su vida, porque ser ‘barmaid’ es algo que te marca el día y la noche.

“Pensaba que trabajaría hasta conseguir el dinero los meses de verano, pero cuando el colegio estaba a punto de empezar no quise abandonar el bar. Disfrutaba mucho de aquel entorno y de Erik, el joven propietario, que me enseñaba, me retaba, me examinaba y me hacía trampas para que aprendiera a tener el local bajo control”, explica Jasmine.

Aunque ese bar cerró, Jasmine obtuvo el dinero suficiente para hacer su ‘Camino de Santiago’, una experiencia que le cambió la vida y su destino. “Recorrí unos 1000 kilómetros a pie empezando en Irún y me enamoré de España. Cuando volví a Italia sentí algo más que un síndrome ‘postvacacional’ y al mes de acabar el bachillerato cogí la mochila rumbo a Canarias”. Rumbo a su nueva vida como ‘barmaid’.

De hecho fue en Tenerife donde se formó, de manera más académica, en el manejo de cocteleras: “Estudié con Miguel Machado, un hombre que vive, bebe y respira coctelería. Asistía a sus clases en Radical Bartending School y por la noche lo ponía en práctica. Fue una etapa muy feliz y productiva de mi vida”, aclara.

Y no pudo evitar enamorarse de una profesión cuyo secreto es, para ella, las similitudes que tiene con la alquimia. “Se trata de mezclar dosis muy exactas que combinándose crean un sabor único”. Una actividad en la que es necesario que participen las dos partes del cerebro: “Para elaborar un ‘Sazerac’ hay que estudiar la receta pero a la hora de hacer algo fuera de carta hay que tirar de creatividad”.

Una imaginación que, según destaca la ‘barmaid’ italiana, tiene siempre que apoyarse en el contacto humano tangible y directo “pues nunca sabes quien va a sentarse en tu barra y eso te impide caer en la rutina”.

Precisamente huyendo de ese día a día o buscando nuevas aventuras, Jasmine aterrizó en otro archipiélago español, concretamente en la isla de Mallorca, donde actualmente trabaja en el ‘Chapeau 1987’ con Charles Harrington Clarke y Matias Iriarte. “Somos un bar especializado en ‘whisky’ y en coctelería clásica, con una carta de autor que va cambiando”.

Por eso, esta italiana se encuentra como pez en el agua puesto que reconoce que la coctelería que más le gusta preparar es la clásica, “saber de dónde venimos para saber a dónde vamos”, repite, y, sobre todo, porque son tragos “complejos y sencillos al mismo tiempo, envueltos por leyendas y mitos”. Y es que para Manzoni, la llamada coctelería de autor no es más que “un twist o un giro a un clásico”, una forma de creatividad desbordante pero basada siempre en los tragos de toda la vida: “Mi forma de hacer mezclas evolucionó mirando hacia el pasado y actualizándolo de alguna forma, porque la coctelería clásica nos otorga una herencia muy valiosa de la que sacar inspiración”.

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