Un modelo de comida sana, rápida y barata. La primera franquicia de poké en echar a rodar en España se fraguó al otro lado del charco. Guillermo Fuente y varios amigos emprendedores más lo vieron claro y dieron forma a una idea sólida que ha resultado un éxito. Esta es la historia de una joven empresa que crece muy rápido y que tiene su base en un ‘bowl’ hawaiano de arroz

Costa Oeste de Estados Unidos. Año 2015. Lugar y momento del eureka de Guillermo Fuente y Carlos Ortiz, dos jóvenes emprendedores que dos años después estaban montando una empresa única en España. Su empresa. Bajo la premisa de un novedoso concepto ‘healthy fast food’, Aloha Poké importaba la tendencia de los ‘bowls’ hawaianos. La oferta básica es la de este formato, en dos tamaños diferentes, para elegir entre seis ‘bowls’ ya creados previamente y la elección a la carta, por la que la mayoría de los clientes se decantan. Una base (de arroz, arroz integral o quinoa, o bien ensalada mixta o ‘kale’), proteína de pescado (pez mantequilla, atún o atún marinado, salmón, tofu, gamba cocida y pulpo cocido), salsas y ‘toppings’. También cuentan con ‘bowls’ de temporada con ingredientes de cada estación.  

Inauguraron en Madrid su primer restaurante y hoy en día ya suman diez locales  de horario ininterrumpido (11.30-23.30h), entre propiedad corporativa y franquiciados. El último en llegar, el Aloha Poké de Ibiza. Quedan muchos más. Nos citamos con Guillermo Fuente, de 28 años, en el primer local que abrió, en la calle Libertad de Madrid. 

¿Por qué quisisteis montar un negocio alrededor del ‘poké’? ¿Cómo surgió la idea? 

“Yo vivía con uno de mis socios en Los Ángeles, soy muy deportista y me gusta cocinar y siempre al trabajo me llevaba mi propia comida porque allí las opciones saludables son complicadas. Solíamos comer mucho ‘sushi’, pero no puedes hacerlo todos los días porque es bastante caro. Te acabas comiendo una ensalada, pero las echan muchas salsas y beicon. Un día, por casualidad, encontramos un sitio donde daban ‘poké’. No sabíamos lo que era. En un sitio cutre, blanco y neutro. Pero te ponían unos ‘bowls’ de pescado con unas cantidades enormes y a un precio muy bajo. Desde que lo probamos nos dimos cuenta de que era algo sano, rápido y barato. Buscamos más sitios y también por casualidad había otro restaurante debajo de mi oficina, en el  que no me había fijado hasta entonces. Siempre tenía cola. A partir de entonces empecé a probarlo allí, me gustó mucho y lo tomaba tres o cuatro veces por semana. Una manera de comer bien fuera de casa, sencillo y a un precio bastante razonable”. 

 

 

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