Natural de Talavera de la Reina (Ciudad Real), aunque residente en Barcelona desde los ocho años, Enrique Benito Luna, lleva cumpliendo desde los 19 su sueño de dedicarse a la hostelería. Casi veinte años dedicado a una profesión que llevaba en los genes, y en la que ha tocado casi todos los palos, este profesional cuenta como se manifestó en él este interés: “mi pasión por la hostelería viene desde muy pequeño, mis padres regentaban un bar y pasaba mucho tiempo allí. Yo intentaba entender ese trajín de gente bebiendo entre risas, confesándose secretos, evadiéndose de la realidad…unas escenas que a veces parecían un teatro vodevil. Mi padre trabajaba, se podría decir que actuando, entrando en escena en el momento exacto, dando conversación a los clientes, satisfaciendo sus peticiones y consiguiendo una complicidad mágica que no se ve en otro lugar. Así fue como se gestó mi relación con la hostelería. Muchos años después, cuando tuve oportunidad de decidir cual sería mi carrera profesional, no tuve dudas en elegir este camino”.
La trayectoria de Benito Luna ha hecho de él un profesional polifacético: “Mi trayectoria se ha desarrollado completamente en hoteles, he pasado por todos los departamentos posibles, desde ‘room service’ hasta por los restaurantes, pero en los bares de los hoteles es donde más disfruto, porque allí se crea un microcosmos dentro del propio hotel”, explica. Así que el protagonista de esta historia no sólo desarrolla su talento en la coctelería sino que su compromiso con la profesión traspasa las exigencias del guión.
Para formarse, según el mismo cuenta “decidí trasladarme a Londres, donde trabajé en el Hotel Metropolitan, con el objetivo de perfeccionar mi inglés y conectar mejor con los clientes sin que el idioma fuese una barrera. Fue allí donde descubrí hasta qué punto puede elevarse la importancia de un bar en la sociedad. A mi vuelta a Barcelona empecé a trabajar en el Hotel Le Méridien de Barcelona, que es donde actualmente muestro mis conocimientos de ‘masterbarista’, concretamente en el Longitude Bar 2º 10’”. Enrique añade que sus cócteles favoritos son “sobre todo los compuestos por café”, y que disfruta “haciendo que los clientes despierten sus sentidos con sus combinados”.

 

 

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