Dale DeGroff es todavía el “rey del cóctel”. A sus 67 años, este pionero de la ‘mixología’ moderna, al que también han llamado el “da Vinci de las bebidas”, está retirado de la primera línea. Más bien, de detrás de la barra. Durante años ofició en algunos de los bares más selectos de la civilización occidental pero, lejos de tomárselo con calma, sigue en la actualidad sentando cátedra allá donde va con su discurso fluido y su acento neoyorquino. Con motivo de su presencia en la final de la ‘World Class Competition’ celebrada en Miami, mantuvimos con él una animada conversación en la que recordó sus tiempos en el hotel Bel Air de Los Ángeles, sus años dorados al frente del Promenade Bar del Rainbow Room, en lo alto del Rockefeller Center de Nueva York, compartió su visión optimista del nuevo movimiento de la coctelería y demostró que su otra vida como actor de cine y televisión le ha servido para ganarse a la clientela. Natural de Rhode Island, DeGroff bien podría haber sido el barman del Rat-Pack. Su don de gentes, su carisma extravertido, su sonrisa bufona a lo Robin Williams y su indudable clase hacen de él un personaje irresistible de la ‘jet’ del viejo Manhattan. Pero detrás del hombre espectáculo está el ‘bartender’ que reinventó el ‘Cosmopolitan’ con una receta que apostaba por los ingredientes frescos, el que inauguró una nueva era de zumos de frutas naturales dejando atrás las latas y los productos envasados, el que supo dar valor a una serie como “Sexo en Nueva York”, el que siempre entendió que su profesión se basaba “en el sabor y en la receta”, el que se convirtió en ‘best-seller’ al firmar esas dos biblias del ‘bartending’ que son “The Essential Cocktail” y “The Craft of the Cocktail”, y el que ya aventuró que el siglo XXI iba a ser el siglo del ‘bartender’ estrella. Su técnica estuvo siempre alejada del malabarismo. Todo radicaba en el toque de muñeca.
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