Escuchar su susurro y sentir que te abraza, ver a lo lejos como el viento los mece a su antojo, percibir su característico olor y, disfrutar de los frutos que desprenden son los motivos por los que los pinos son uno de los pilares más firmes para entender el alma de la naturaleza. Sin duda, pasear por los claros y las sombras de un pinar suscita una sensación tan placentera que en varias ocasiones ha llegado a ser la chispa incendiaria que ha inspirado la creatividad de escritores, poetas y también de cocineros; los encargados de sentar el arte a la mesa. Una sensación parecida a la que tendríamos si nos adentrásemos en un pinar es la que se desprende al visitar el restaurante La Botica de Matapozuelos, situado en la localidad castellano leonesa de Matapozuelos, en Valladolid, y muy cerquita del principal elemento paisajístico que envuelve toda la zona: un bosque de pino piñonero.
Este restaurante, que abrió sus puertas en mayo de 2002, tiene entre sus fogones a dos generaciones, Teodoro de la Cruz y sus hijos Miguel Ángel y Alberto. “Tenemos dos propuestas dentro de la oferta gastronómica: una más tradicional, que es la que desarrolla mi padre, y una más contemporánea que es la que hago yo. Hemos apostado por esta idea desde el principio y ahora está muy consolidada. Es algo que nos distingue”, explica Miguel Ángel durante nuestra agradable conversación. Alberto, el menor de los dos hermanos, también se unió a esta aventura desde el principio y en la actualidad se encarga del servicio de vinos como sumiller y de la gestión de la sala. “En la carta de vinos podemos encontrar unas 200 referencias, muchas son vinos de Castilla y León y vinos locales, ya que estamos dentro de la D.O. de Rueda, y también cerca de la D.O. Ribera del Duero. Se les da importancia a los vinos que son difíciles de encontrar en la línea de distribución, y que se elaboran tradicionalmente, como los dorados de Rueda”, asegura Miguel Ángel en nombre de su hermano.
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