Estos productos están en crecimiento en el mercado español puesto que se utilizan, en muchos casos, para condimentar platos de cocina saludable o para evitar el consumo masivo de sodio, por ejemplo
El arte de la gastronomía en España no se entiende sin el uso de las especias y condimentos porque desde el pimentón de la Vera al azafrán, arraigados en la identidad cultural del país, hasta las mezclas exóticas que conquistan las cocinas urbanas, estos ingredientes vertebran la industria alimentaria.
En el escenario actual de 2026, el sector se encuentra en un punto de confluencia donde ha tenido que, por una parte, reinventarse con las nuevas tendencias globales de salud, sostenibilidad y cocina internacional y por el otro conservar esa herencia culinaria tan propia de nuestra cocina.
Si miramos a nuestro país, según los indicadores del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA) en su último informe de Consumo Alimentario, las categorías de aderezos, hierbas y condimentos mantienen una penetración superior al 90 % en los hogares españoles.
De esta forma, el repunte del interés por la cocina de origen y por la reducción del consumo excesivo de algunas sustancias, como el sodio, ha hecho que el uso de las especias se haya disparado como el sustituto natural por excelencia para aportar sabor sin comprometer la salud cardiovascular de la población.
En la misma línea, los condimentos y las especies se utilizan para dar sabor en una alternativa más saludable frente a los productos ultraprocesados lo que ha permitido una estabilidad de la demanda interna en España.
Concretamente, el consumo se sitúa históricamente en una media de entre 1,10 y 1,25 kilos por persona al año en el ámbito del hogar. Si tenemos en cuenta que son productos de poquísimo peso por unidad, un bote de especias suele rondar entre los 40 y los 100 gramos, un kilo por persona al año representa una cantidad enorme de actos de cocinado.







