En un panorama de desaceleración, se impone recuperar valores seguros de calidad y confianza. La ginebra, según nos cuenta la especialista en destilados María de la Peña, es ya un mercado maduro que debe insistir en el contenido por encima del continente
Cualquier análisis relacionado con el mundo de las bebidas fija su atención en las tendencias de mercado. Y si se hace con un poco de perspectiva se detectan casos en los que aplicar eso de que todo lo que sube, baja, no siempre pasa, pero si nos atenemos al caso de la ginebra, vemos que se cumple. Con sus particularidades, porque acabaremos concluyendo que la categoría goza de un momento interesante, lleno de oportunidades y alejado del derrotismo.
Mientras este junio vuelve a celebrarse el día mundial de la ginebra, cita que sirve para concentrar un poco más los esfuerzos comerciales, el contexto en lo que atañe a las bebidas espirituosas en general sigue pasando por la contracción del consumo en España, al mismo tiempo que la exportación aumenta sin parar. La crisis arancelaria, la inestabilidad económica, la inflación que hace disminuir la frecuencia y la intensidad, pero no la base de consumidores, parecen ser factores instalados en el día a día desde hace ya demasiado. Al menos, la ginebra se mantiene en torno a un 20% dentro del pastel de los espirituosos, lo que la deja en un segundo lugar por detrás del whisky, si no contamos los licores, experimentando además un nuevo y ligero descenso. Llevamos ya algún ejercicio advirtiendo que, por encima de ser una situación alarmista, lo que sucede con la ginebra tiene más que ver con un reposicionamiento natural tras años de récord. Con todo, España es el tercer país del mundo en consumo de ginebra. Y sabemos también que, desde el Brexit, somos el productor líder de la categoría dentro de la UE.
Pese a esta supuesta crisis, siguen las presentaciones y ampliaciones de gama, el restyling y los packaging renovados, los sabores inesperados, las combinaciones que buscan llamar la atención y, por supuesto, nuevos consumidores de ginebra. La llegada del verano, época de festivales, de terrazas y de playa, vuelve a ser un acicate para las marcas.




